6 de marzo de 2026
A nivel masivo, cuando pensamos en la historia clásica de la música occidental, los nombres aparecen rápido y casi de memoria: Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven, Wolfgang Amadeus Mozart. El canon parece claro, estable, incuestionable. Pero basta hacerse una pregunta simple para que aparezca un vacío: ¿cuántas compositoras recordamos con la misma facilidad?
Para la magíster en Artes con mención en musicología, Malucha Subiabre Vergara, ese silencio no es casual. “Se habla de la historia como si fuera algo neutro, pero alguien la escribe”, advierte.
“La mujer siempre ha ocupado lugares en las músicas, de forma más conflictuada por supuesto. El problema es que las pasamos por encima, no las miramos, no las estudiamos, no las ponemos en valor”, subraya la musicóloga.
¿Hay una subrepresentación impuesta?
- Sí, e incluso diría que una doble subrepresentación, por nuestra posición de latinoamericanas.
Ser conscientes de eso es para la también docente de la Facultad de Artes “la única forma de producir una política feminista, al permitir analizar las estrategias o el impulso tras los avances”.
¿Es la música un espacio masculinizado? Para Subiabre la respuesta es más compleja de lo que parece. “Desde finales del siglo XIX la mayoría de estudiantes del Conservatorio Nacional de Música eran mujeres, pero quienes finalmente se graduaban eran hombres. Eso es algo que se mantiene, hasta cierto punto, en el siglo XX, incluso en el XXI”, explica.
“El mundo de la música académica es muy conservador, muy difícil de transformar y no porque haya una negativa de base a las transformaciones. Es algo más inserto de base, pese a que sí ha habido avances, nos cuesta pensar diferente”, dice la académica.
¿Por qué crees que pase?
- La carrera de música es una carrera chica. Entonces cuesta el tema de conseguir reconocimiento, recursos, de abrir espacios... eso produce un apego con la tradición porque es lo que te ha permitido llegar a dónde estás.
Fue después de la efervescencia popular de la ola feminista del 2018 que junto a la soprano Máster en Artes Musicales, Doris Silva, crea el curso de formación general del Instituto de Música, Mujer, Música e Historia. Un espacio que terminó de urdir la relación que tenían desde estudiantes ambas docentes, junto con la necesidad de abrir una discusión que hasta entonces no tenía lugar en la malla académica.
El programa, abierto para todas las carreras de la Universidad, se impartió por primera vez en 2020 y tiene como principal objetivo “problematizar el ser mujer en el espacio del conocimiento”, comenta Malucha.
Estos seis años no han pasado en vano, adelanta la docente, en el último tiempo ha visto “un desafío a la hora de ir motivando a estudiantes cada vez más distantes generacionalmente con nosotras y con ese boom feminista”.
“A diferencia de los primeros semestres, el estudiantado estaba mucho más al tanto de los problemas, las brechas, la falta de representación de la mujer. Ahora pareciera estar más confuso o que ya no importa tanto”, agrega.
Aunque hablar de feminismo en el arte aún pueda crispar, la musicóloga Malucha Subiabre lo sostiene como bandera de lucha. “El arte siempre ha sido ideologizado porque nace de las ideas”, mantiene.
“La universidad te enseña a mirar el mundo de una forma activa, de posicionarte, te enseña que el mundo se puede transformar. Esa idea de vivir una vida vivible para mí es el feminismo. Pero llámenlo como quieran, mientras sea soñar con un mundo mejor”, concluye.
¿Qué avances has visto en la forma en que se le da espacio a la mujer en la música?
- Ahora es mucho más común ver a mujeres en la fila de los bronces, eso hace apenas 10 años era rarísimo. También con la representación de mujeres en percusión, en bandas de cumbia, de salsa. Si bien aún son minoría, existen, van sentando un precedente.
¿Qué mensaje le darías a las estudiantes y disidencias que acaban de entrar a la carrera?
- Que no dejen de luchar aunque la vida se torne difícil. Es rico vivir y seguir porfiando, abriendo camino. Que conozcan a sus antecesoras, que se vuelvan sus mentoras, que aunque no estudiemos una carrera humanista el feminismo es fundamental. Por último, que seamos amorosas con nosotras mismas y reconozcamos esos pequeños pasitos de hormiga.

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