Samir Barrientos

Fecha: 11 de diciembre de 2019
Hora: 13:00 horas
Lugar: Auditorio IMUC   


Programa
Toshiro Mayuzumi (1929 - 1997)
Bunraku (adaptación de las técnicas Shamisen para un instrumento occidental)

Serguéi Prokófiev (1891-1953)
Sonata para violonchelo y piano en C mayor. Op. 119
Andante grave – Moderato Animato
Moderato Andante dolce
Allegro, ma non troppo

Joseph Haydn (1732-1809)
Concierto no. 2  para violonchelo y orquesta en D mayor.
Allegro moderato
Andante
Allegro

Cadencias por Maurice Gendron

Intérpretes
Samir Barrientos Morales, violonchelo
Patricio Valenzuela, piano (cotutor)
Sebastián Camaño, clavecín y dirección
Manuel Leiva, Rodrigo Pandorfa, Fernado Espinoza y Esteban Vergara, violines I
Rodrigo Aros, Darío Tapia, Anaís Burgos y Francesca Montefusco, violines II
Ítalo Opazo y Samuel Poblete, violas
David Carrasco y Diego Álvarez, violonchelos
Claudio Faúndez, contrabajo
Pascal Montenegro y Ronald Barrios, oboes
María da Silva y Paolo Correa, cornos

Notas al programa
Toshiro Mayuzumi fue un compositor japonés aclamado por figuras como Bernstein, Copland, Varèse u Osawa, que encontró, por medio del sistema dodecafónico y las técnicas extendidas, un puente entre la música Oriental y Occidental. Sin embargo,  nunca se alejó de los sistemas melódicos, rítmicos y armónicos propios de la cultura tradicional nipona, ni del clásico sistema tónica-dominante de la música occidental.

Bunraku es una síntesis de su paradigma musical que recibe el mismo nombre genérico del teatro de marionetas, expresión cultural que posee como principal característica la convergencia de tres artes escénicas distintas: los títeres (ningyô), un narrador o recitador (jôruri)  y un intérprete de shamisén (tayú), instrumento parecido al laúd. El compositor se aprovecha de este instrumento para capturar los diversos sonidos que pueden emanar del mismo y homologarlos en el violonchelo, con lo que consigue, mediante diversos tipos de pizzicati y  glissandi, sul tasto, sul ponticello y  sistemas modales y seriales, una parte de los sonidos característicos del folclore japonés, tan reconocibles, a veces, gracias a películas y series inmersas en nuestra cultura occidental.

Serguéi Prokófiev fue un pianista y compositor soviético, quien junto a  su coetáneo Dmitri Shostakovich, gozan de ser los exponentes más importantes  de la composición de su generación, dejando una profunda huella en sus compatriotas más jóvenes. Sus primeras obras  muestran una clara tendencia a lo grotesco, al mismo tiempo que su capacidad de crear bellas melodías se impregna en su trabajo, el  que fue muchas veces tildado de antirromántico y futurista. Un año después de la revolución de 1917, abandona su país en busca de tranquilidad. Sin embargo, cuando regresa en 1933, se ve reprimido creativa y artísticamente  por la Unión Soviética, por lo que debe acotar su lenguaje vanguardista y ceñirse a formatos más clásicos que sean congruentes con el Realismo Socialista. De ahí emergen una buena cantidad de obras que se limitan a cánones establecidos por un gobierno totalitario, pero que sin embargo están llenas de creatividad y suspicacia, como la Séptima sinfonía, el ballet Cinderelle o la Sonata para violín solo.

La  Sonata para violoncello y piano fue dedicada a uno de los violonchelistas más importantes del siglo XX, Mistlav Rostropovich, ya que después de haberlo escuchado  tocar junto a el gran pianista Sviatoslav Richter la Sonata no. 2 de Nikolai Miaskovsky, queda muy impresionado, por lo que decide dedicarles lo que sería su única sonata para esta combinación. El lirismo y la inventiva rítmica son elementos que se conjugan para crear atmósferas llenas de fantasía e inspiración. En ellas que ambos instrumentos son explorados en cuanto a sus capacidades tímbricas, al mismo tiempo que se desarrollan no solo en un contexto diatónico, sino que también en un plano de  armonías modales y politonales que tiñen y sustentan una música llena de vida y optimismo, lo que llama la atención considerando que es una obra de posguerra. 

El primer movimiento Andante grave presenta una clásica forma sonata que inicia con el violonchelo en el registro más grave, con lo que se muestra el primer tema sombríamente que se contrasta con un segundo tema más optimista y brillante. El desarrollo es bastante extenso y se recicla parte del material de la exposición y se incorpora en la sección media, casi como un recitativo.  La coda, también de gran longitud,  posee un espíritu vigoroso y grandilocuente, que desemboca en un final apacible, casi onírico. 

El segundo movimiento está compuesto en forma ternaria al  más puro estilo de un scherzo, pero escrito en compás  binario. Sin embargo, conserva el espíritu jocoso y liviano de este último. Solamente la sección media -Trio- se basa en  un compás de tres por cuatro, en el que prima un tema muy expresivo que evoluciona en una especie de añoranza. Un rondó sonata sustenta el último movimiento, con  un tema casi inocente y liviano que se contrapone en cada momento con el contiguo episodio, no solo a nivel de carácter, sino que también las texturas cambian drásticamente, gracias a la conciencia organológica de Prokófiev y a las bellas modulaciones realizadas. El desarrollo es un tipo de lied (forma canción) en el que vuelve a predominar las sugerentes melodías, siempre rimbombantes y de una expresividad propia de un lenguaje particular. La coda final posee mucho ímpetu, que se expresa en las reminiscencias del motivo del tema del  segundo movimiento; toda la fuerza de la obra se aposenta en el brillante C mayor de los últimos compases.

Joseph Haydn fue un compositor austriaco, quien junto a  Mozart y Beethoven, es uno de los máximos representantes del clasicismo vienés. Es considerado  padre del cuarteto de cuerda y de la sinfonía, ya que sentó las bases de la forma en estos. Compuso su Concierto en D mayor aproximadamente en el año 1783, época en la que estaba al servicio de los príncipes  de Esterházy y de la que nace una orquestación especial: dos oboes, fagot (non obbligato en el caso del concierto), dos trompas y cuerdas. El primer movimiento se desarrolla en un ambiente de atisbos barrocos en los que los temas son de espíritu alegre, a excepción del desarrollo que se torna más dramático. El segundo movimiento  es muy apacible, por momentos medio nostálgico, el que conserva los gestos de los motivos del primero. Finalmente, el último movimiento es un rondó de gran vigor y mucha energía. Este trabajo de Haydn forma parte de los grandes conciertos para el violonchelo, no solo por el virtuosismo exigido, sino que también por lo bien que está escrito en consonancia con la orquesta, con lo que se genera un diálogo muy fresco que delimita el punto de atención del oyente.

Samir Barrientos Morales