Web Titulo Paulina Suazo

Fecha:  
Miércoles 8 de enero 2019

Hora:
14:00 horas

Lugar:
Auditorio IMUC, Campus Oriente UC (Av. Jaime Guzmán 3300, Providencia)

 

Programa de título:

Primera parte
Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Concierto no.1 en re menor para clave y orquesta con bajo continuo BWV 1052
Allegro
Adagio
Allegro

Segunda parte
Ludwig van Beethoven (1770-1827)
Sonata no.7 en re mayor Op.10 no. 3
Presto
Largo e mesto
Menuetto-trio
Rondó

Frédéric Chopin (1810-1849)
Balada no. 1 Op. 23 en sol menor

Intérpretes
Paulina Suazo, piano
Gonzalo Beltrán, violín I
Diego Castro, violín II
Fabián Esparza, viola
Valentina del Canto, violonchelo
Felipe Donoso, contrabajo

Notas al programa
La primera pieza fue escrita originalmente para violín y luego fue reelaborada para órgano solista como sinfonía en la cantata BWV 146 (1er y 2do movimiento) y como introducción de la cantata BWV 188 (3er movimiento). Todas estas obras fueron escritas probablemente en 1728.

Ahora bien, este concierto se transcribió al clavecín en el año 1738. Forma parte de los ocho conciertos que escribió Bach para teclado y orquesta de cuerdas con bajo continuo (BWV 1052 – 1059). Su versión final fue dada a conocer por Félix Mendelssohn en 1837 en la ciudad de Leipzig, Alemania.

En cuanto a su forma, llama la atención que esté estructurado armónicamente, en sus tres movimientos, bajo tonalidades menores. Generalmente Bach desarrollaba los segundos movimientos en tono mayor si la tonalidad era menor. Por lo anterior, destaca este singular movimiento “adagio”, que pretende ser un descanso para el auditor, sin embargo, toma un rol totalmente dramático que prepara anímicamente al tercer movimiento. Cabe destacar que aumenta su solemnidad y amplitud al basarse en un bajo ostinato de doce compases que es además el ritornello. Por otro lado, tanto en el primer como tercer movimiento destacan su vigor, virtuosismo y rítmica, además de compartir una estructura armónica similar, que puede dividirse en cuatro secciones a su vez.

El concierto para clave en re menor ha ejercido una importante influencia en el desarrollo del concierto para piano de Mozart, a través de Johann Christian Bach, quien a su vez incidiría en Beethoven.

Beethoven es uno de los compositores más influyentes en la historia de la música, pues es el responsable de marcar el final del período clásico y dar paso al romanticismo del S.XIX.
En él se encarna la problemática política-filosófica de la época además de ser un arquetipo del genio musical.

La Sonata Op.10 no.3 fue compuesta en 1798 en Viena, ciudad en la cual Beethoven desarrolló parte de sus obras más emblemáticas correspondientes a su período de formación.

Por otra parte, la Sonata n°7 se presenta como la más extensa dentro del conjunto de las tres sonatas Op.10. Consta de cuatro movimientos, diferenciados uno del otro por sus marcados contrastes expresivos. Comienza con un presto ágil y cristalino, marcado por un dinamismo intenso. Son cuatro las notas que Beethoven toma como material temático y lo desarrolla magistralmente. El segundo movimiento, Largo e mesto, es una de las primeras expresiones trágicas de la vida de Beethoven, considerada por él mismo como un estado de melancolía absoluta. El compositor abarca todo el registro del teclado, en el que contrapone un recitativo transparente a intensos acordes de tinte oscuro. Su tercer movimiento, Menuetto, puede calificarse como un puente que logra conectar el Largo precedente y el trío, el que a su vez anticipa el humor y la espontaneidad del final Rondó, afamado por sus silencios.

La balada en sus inicios fusionó danza, poesía y música y tuvo como temática principal historias caballerescas, pastorales o épicas que daban libertad a la imaginación. Como género musical, la balada surgió en el siglo XIIII al suprimirse la danza. Sin embargo, nunca perdió su carácter danzante que se manifiesta a través del uso del 6/4 o 6/8 . 

El siglo XIX vio nacer las baladas puramente instrumentales con las baladas de Chopin compuestas entre 1831 y 1842, las que destacan especialmente en la obra del compositor polaco debido a la magistral conexión que logró, más que ningún otro compositor, con el espíritu original de la balada, conservando una fuerte evocación narrativa pese a la ausencia de palabras. Así, Chopin usa libremente elementos formales como la canción, el rondó, la sonata o el scherzo, manteniendo una homogeneidad estructural y una lógica de principio a fin.

Chopin compuso la balada Op. 23 en 1833, en Viena, lejos de su familia y muy afectado por la invasión rusa en Polonia. En esta, el arpegio ascendente inicial insinúa una pregunta abierta, en la cual se logra divisar una respuesta o desarrollo no muy alentador. El primer tema es melancólico, simple y natural y conduce, a través de acentos dramáticos al segundo tema en mib mayor de carácter suave y apacible. Un scherzo liviano, magistralmente enlazado, nos encamina hacia el final de la narración que culmina con una coda magnífica, intensa y dramática.

Paulina Suazo Hernández