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Concierto de título Felipe de la Cuadra Olivares

Fecha: viernes 6 de marzo 2020
Hora: 19:00 hrs
Lugar: Auditorio IMUC, Campus Oriente UC (Av. Jaime Guzmán 3300, Providencia)

Programa de título

Primera parte

Ludwig van Beethoven (1770 – 1827)
Sonata para piano no. 28 en La mayor, op.101
Etwas lebhaft und mit der innigsten Empfindung 
Lebhaft. Marschmässig (Vivace alla marcia)
Langsam und sehnsuchtsvoll (Adagio ma non troppo con afetto)
Geschwind, doch nicht zu sehr, und mit Entschlossenheit (Allegro)

 Frédéric Chopin (1810 – 1849)
Berceuse en Re bemol mayor, op.57
Andante

Segunda parte

Maurice Ravel (1875 – 1937)
Concierto para piano y orquesta en Sol mayor
Allegramente
Adagio assai
Presto

Intérpretes
Felipe De La Cuadra
Danilo Rodríguez, piano (cotutor)

Notas al programa

Sonata para piano no. 28 en La mayor, op.101, Ludwig van Beethoven (1770 – 1827)

La Sonata no. 28 en La mayor fue compuesta por Beethoven en el año 1816 y pertenece al último período compositivo del autor y, en cierto sentido, presagió los estilos y tendencias que marcarían el modo de enfrentar la composición durante el romanticismo.

El primer movimiento es breve y lleva la descripción Etwas lebhaft, und mit der innigsten Empfindung, lo que se traduce como "algo animado y con el sentimiento más íntimo".  La pieza comienza con un tema cuyo carácter es tranquilo, pacífico y ensoñador,  aunque oculta cierta ansiedad. Por otra parte, la melodía de este movimiento nos muestra la influencia que tuvo la música de Beethoven en Brahms. También es posible observar en el carácter del siguiente movimiento, que lleva la descripción Lebhaft, Marschmässig (“marcha animada”),  lo que pareciera ser un augurio de lo que será la música de Robert Schumann, con los característicos saltillos de las obras del compositor romántico. 

El tercer movimiento, que lleva la descripción Langsam und sehnsuchtvoll (“lento y anhelante”), posee un tema principal que se caracteriza por ser solemne, triste y calmado, de manera que la música parece una suerte de meditación sobre un duelo o un dolor del pasado que aún le hace cargar con un profundo sufrimiento.

El final comienza tras una breve remembranza del pasado, que nos lleva de vuelta a los primeros compases de la sonata. Es el nuevo trato que da a los silencios lo que crea cierta duda o suspenso, hasta que, finalmente, decide cambiar el rumbo y, con unos poderosos trinos, nos arroja hacia el espectacular cuarto movimiento, cuyo tema principal, proclama alegría y fuerza desde el principio. A pesar de esto, se logra percibir la naturaleza reflexiva y profunda que predomina en los anteriores movimientos. Este movimiento lleva la descripción Geschwind, doch nicht zu sehr und mit Entschlossenheit (“rápidamente, pero no apresurado y con determinación”). Está escrito en forma sonata y su desarrollo consiste en una deslumbrante y compleja fuga a cuatro voces, que utiliza el material del tema inicial del movimiento como motivo principal del sujeto. Le siguen la reexposición y la coda para cerrar esta gran composición, la cual contiene enormes sutilezas tanto a nivel técnico como musical.

Berceuse en Re bemol mayor, op.57, Frédéric Chopin (1810 – 1849)

La Berceuse ocupa un lugar especial dentro de las obras escritas por Chopin, ya que es única en su estilo. Fue compuesta entre el verano de 1843 y 1844 y está dedicada a su alumna Elise Gavard. El título original de la obra era Variantes, pero pareciera ser que, a último momento, Chopin prefirió cambiarlo por el nombre de Berceuse, que significa “canción de cuna” en francés, lo que hace que no sea sorprendente el hecho de que las únicas indicaciones de dinámica que podemos encontrar en la partitura, además de los reguladores, sean piano y pianissimo.

Esta obra tiene la indicación andante y comienza con una breve introducción del acompañamiento. Luego Chopin nos muestra una frase de cuatro compases escrita en 6/8, que pareciera sacada de una ensoñación. A ésta le sigue una serie de dieciséis pequeñas variaciones de igual duración y métrica, las cuales van sucediéndose una tras otra en un flujo constante, sin pausas ni silencios que las separen. A medida que éstas avanzan, Chopin hace uso de su fascinante inventiva y desplante pianístico y agrega diverso material, desde un sutil y creativo contrapunto, hasta elaboradas florituras, con pasajes cargados de cromatismo, trinos, arpegios y escalas. Ya que la obra entera se mantiene en una dinámica suave, su desarrollo es principalmente textural y sonoro, por lo que debe ser interpretada con suma delicadeza. 

Una de las cosas que hacen tan especial a la Berceuse es su acompañamiento, que consiste en un bajo ostinato que se mantiene rítmica y armónicamente inalterado a lo largo de casi toda la obra, oscilando entre tónica y dominante. Solo hacia el final, las armonías se prolongan y aparecen durante algunos pocos compases dos nuevos acordes que nos llevan de vuelta al tema en su forma original, cerrando así el ciclo y dando paso a la calma y quietud absolutas. 

Concierto para piano y orquesta en Sol mayor, Maurice Ravel (1875 – 1937)

Maurice Ravel, a diferencia de tantos otros grandes compositores, fue un músico que gozó de un enorme éxito en vida, pero, lamentablemente, sus problemas de salud frustraron su prometedora carrera. El reconocimiento internacional que tuvo lo llevó en el año 1928 a realizar una gira de cuatro meses por Estados Unidos y Canadá, en donde obtuvo numerosos encargos, además de recibir fuertes influencias de la música norteamericana, principalmente del jazz, y de músicos como George Gershwin.  Luego de esta gira, entre los años 1929 y 1931, Ravel compuso sus dos conciertos para piano y orquesta de forma casi simultánea, y de estos, su favorito fue el concierto en Sol mayor, ya que, según sus propias palabras, era más “raveliano”.

A pesar de que el piano era su instrumento favorito, Ravel no era un gran virtuoso, por lo que tras algunos intentos fallidos de tocar él mismo el concierto, decidió finalmente dirigirlo y dejar en el piano a Marguerite Long, a quien dedicó la obra. Así, el concierto fue estrenado en enero de 1932 y fue todo un éxito, aunque cuentan que, aparentemente, como director, Ravel fue un tanto impreciso. 

El primer movimiento comienza Allegramente con un sonido de látigo y una figuración de piano en el registro agudo con arpegios bitonales que acompañan una simpática y juguetona melodía en el flautín. La música se mueve rápidamente por momentos íntimos de mucha expresividad, en los cuales el piano se queda solo y contrasta con vertiginosos y virtuosos pasajes de mucha intensidad y una riquísima variedad tímbrica y sonora, que nos muestran la deslumbrante habilidad de Ravel como orquestador. También busca explotar las posibilidades expresivas y sonoras del piano, tejiendo, por ejemplo, una gran melodía hecha por trinos y acompañada por arpegios en la cadenza. 

Esta espléndida obra, además de tener influencias de la música española, refleja también el interés del compositor por el jazz. Sin embargo, los elementos que utiliza no le quitan su sello personal, lo que hace que difícilmente sorprendan al oyente como algo fuera de contexto. 

El notable segundo movimiento recrea una atmósfera introspectiva y conmovedora, bastante alejada del bullicio del movimiento anterior. Comienza con una extensa melodía acompañada en el piano enunciada de manera simple, pero de una belleza tan profunda que expresa sentimientos de anhelo, tristeza y pasión. De a poco hace su aparición la orquesta y finalmente, el piano cede su protagonismo al corno inglés que nos muestra la misma melodía del principio, solo que ahora a través de las posibilidades tímbricas y expresivas de este maravilloso instrumento. 

El movimiento final, un Presto enérgico y ágil, nos recuerda un tanto al primero, ya que también tiene influencias del jazz. Aquí los bronces recuperan protagonismo y, junto a los demás instrumentos, se lanzan en una búsqueda de vertiginosidad con pasajes de deslumbrante velocidad en el piano, lo que hace de ésta una pieza de gran dificultad técnica. Una repentina y abrupta exclamación concluye este encantador movimiento, el último de una obra cuyo universo musical posee una imaginación sin límites.