El Instituto de Música tiene como misión formar ética y profesionalmente a sus alumnos, inspirado en los principios humanistas de la fe cristiana, como también preservar e incrementar el acervo cultural y patrimonial de la música en Chile y desarrollar la investigación, la composición e interpretación de diversas manifestaciones y obras del arte musical. Para dar cumplimiento a su misión, el Instituto basa su acción en los conceptos de universalidad y diversidad del arte que permita consolidar las distintas culturas musicales. De acuerdo a lo anterior, orienta su labor hacia el cultivo y desarrollo de la música en el ámbito de su disciplina y en el campo de las artes, las ciencias y las humanidades, concretando su quehacer en la formación de excelencia del músico intérprete, compositor o investigador, y privilegiando el servicio a las personas.
Bendita Cecilia, te muestras en visiones
a todos los músicos te apareces e inspiras
Hija Traducida, ven baja y exalta
A los compositores mortales, con fuego inmortal
Himno a Santa Cecilia, Op. 27
Benjamin Britten y W. H. Auden

Fotografía: Carlos Arriagada
La historia de la patrona de la música tiene mucho de leyenda. No obstante, sabemos que Cecilia fue una de las mártires de la Iglesia primitiva. Hija de una familia notable, había ofrecido su virginidad a Dios, aunque estaba comprometida en matrimonio. La tradición señala que, a pesar de ello, convenció a su prometido, Valeriano, de que debía mantenerse casta y, además, de que se convirtiera al cristianismo. La antífona de maitines que se canta o reza el día 22 de noviembre, resume así estos sucesos:
Encontró [Valeriano] a Cecilia, rezando en una habitación y al Ángel del Señor de pie a su lado.
Al verlo, Valeriano se sintió invadido por un gran terror. El ángel del Señor descendió del cielo y una luz brilló en la morada.
Eran tiempos difíciles para la Iglesia, pero Cecilia y su marido defendieron la fe en Dios desafiando las leyes contra los cristianos en la Roma del siglo III. Por esto fue condenada a morir asfixiada en el calidarium, el baño de vapor romano de su propia casa -que es hoy la Basílica dedicada a su culto-. Sin embargo, no murió hasta que fue decapitada, luego de agonizar por tres días
Liszt musicalizó esta parte de la historia en su obra “Die heilige Cäcilia”, S.5:
“Cantaba [Cecilia] el himno supremo cuando el verdugo se le acercó
Este se maravilló ante la ternura de su alma.
Sobre la cabeza cuelga el acero que [el verdugo] siente resbalar de su mano;
él espera a que complete el himno antes de asestar el golpe mortal.
Y la cabeza cercenada temblando, inclinada, suspendida;
como muestra en su estatua el artista en mármol blanco
Con el dolor sucumbió, pero sus lamentos aún son canciones.
junto a ellos permanece en su tumba Su túnica de oro.”
Los milagros de la Santa ya eran bien conocidos tras su muerte, y a fines de siglo IV ya se adoraban sus reliquias. Sin embargo, su asociación con la música es posterior. A comienzos de la Edad Media se conocieron las Actas de Santa Cecilia a partir de cuya traducción se instauró la idea de que la santa era música. En este relato se usa varias veces la palabra organo, pero no para referirse al instrumento musical. La palabra puede traducirse como “instrumento”, por lo que hace referencia a los instrumentos musicales que sonaron en su fiesta de matrimonio o a los de tortura que se usaron en su martirio.
De ahí que la frase “et, cantátibus organis, illa Cecilia virgo […] decantábat dicens” se tradujo como “ella cantaba y se acompañaba con el órgano”. Desde entonces, la iconografía comenzó a representarla tocando instrumentos musicales, rodeada de ellos o de ángeles músicos. Por eso en 1594 cuando fue canonizada, fue nombrada patrona de la música.
A partir de ahí Cecilia pasó a ser una más de las musas, lo que ha quedado plasmado en un sinnúmero de obras que la celebran o recuerdan. Palestrina, Purcell, Gounod y los ya citados Britten y Lizst, entre otros, le dedicaron composiciones sacras y profanas. Incluso a comienzos del siglo XX se escribieron polkas y marchas para piano con su nombre. En América Latina también se la ha venerado. Por ejemplo, el compositor brasileño José Maurício Nunes Garcia (1767-1830) compuso una misa en su honor a comienzos del siglo XIX.
En Chile el culto a la Santa también tiene una larga tradición tanto en la música popular como en la académica. A comienzos del siglo XX existían en Santiago, Valparaíso, Valdivia e Iquique, sociedades musicales de socorros mutuos que celebraban esta fecha con misas y grandes conciertos. Estos permitían recaudar fondos a beneficio de dichas sociedades. A fines de la década de los 80 Juan Pablo Izquierdo dirigía anualmente los conciertos para la Santa que se realizaban en el Teatro Municipal. Y hasta el día de hoy existen coros, agrupaciones, orquestas y bandas instrumentales que llevan el nombre de Santa Cecilia. Una de ellas, la Banda Santa Cecilia de Arica, lleva ya diez años acompañando a los pasacalles en las fiestas religiosas y profanas del norte grande.
Así, Cecilia es una Santa que, aunque histórica, continúa viva en la música hasta el día de hoy.
Malucha Subiabre Vergara
Profesora Música UC
Magíster en musicología y Doctora © en Ciencias Humanas