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Alberto Dourthé, Frida Ansaldi y Marcela Rodríguez adelantan las claves de su próximo concierto: la fraternidad, las danzas y el folclor están en el corazón del repertorio elegido

1 de junio de 2023


Dúos y tríos abordarán los violinistas y la pianista en su primera actuación conjunta en la 59a Temporada de Cámara UC. Los profesores del Instituto de Música UC interpretarán obras claves de Mozart y Bartók, y sorprenderán al público con la veta cinematográfica de Shostakovich, además del profundo romanticismo de Sibelius y Sarasate.

Será el debut en la Temporada de Cámara UC del profesor Alberto Dourthé, concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, a la cual ingresó a inicios de los años 90. Con música de cámara y en un repertorio particularmente virtuosístico, Alberto Dourthé actuará junto a otros dos profesores del Instituto de Música UC: la también violinista Frida Ansaldi y la pianista Marcela Rodríguez.

El programa abordará desde el Clasicismo hasta el siglo XX, y tendrá un acento dancístico. Se escucharán dúos para dos violines de Béla Bartók, y dúos para violín y viola de Wolfgang Amadeus Mozart y de Sibelius. También, tríos para dos violines y piano: arreglos de música para el cine de Dmitri Shostakovich y la famosa pieza de Pablo de Sarasate, Navarra.

El concierto de estreno del programa se realizará a las 19 horas del martes 6 de junio, en el Auditorio del Centro de Extensión Oriente (Jaime Guzmán 3.300, con inscripción gratuita aquí). La segunda presentación será a las 19 horas del miércoles 7 de junio en el Centro Cultural GAM (Alameda 227, con inscripción gratuita aquí).

Abrirán el programa tres dúos para dos violines de Béla Bartók, para seguir con cinco piezas que son arreglos de Levon Atovmyan de música para el cine y escénica de Dmitri Shostakovich. La primera parte del concierto cerrará con el famoso Dúo para violín y viola nº1 de Wolfgang Amadeus Mozart. A la vuelta del intermedio, se escucharán otros cuatro dúos de Bartók, seguidos por el Dúo para violín y viola de Jean Sibelius y cerrar con la archiconocida Navarra, para dos violines y piano, de Pablo de Sarasate.

"El dúo de violines, el dúo de violín y viola y el trío con piano, son sonoridades que realmente todo el mundo tiene en su mente. Dado que abarcamos desde una pequeña muestra de música muy folclórica, a través de Bartók, hasta lo más refinado de Sarasate, esto significa realmente muchas emociones, incluso en lo que a uno, como músico, le 'para los pelos'. Además, aquí tenemos la emocionalidad de un Shostakovich sumamente diferente del que uno conoce y que agrega belleza, todo hilado en torno a la fraternidad musical y, sobre todo, en la fraternidad entre seres humanos", adelanta Alberto Dourthé Castrillón.

El violinista estuvo radicado más de una década en Europa antes de retornar a Chile y asumir como concertino de la Sinfónica. En esos años, trabajó bajo la dirección de estrellas como Claudio Abbado, Daniel Baremboin y Georg Solti. Sus estudios los completó justamente en Europa, en los conservatorios de Luxemburgo y Real de Mons en Bélgica. Antes había estudiado en el Instituto de Música UC y también en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, con Fernando Ansaldi y también con su padre, Alberto Dourthé Abbé.

Distinguido en 2013 por la Academia Chilena de Bellas Artes del Instituto de Chile con el Premio Domingo Santa Cruz, por su trayectoria, Dourthé se integró en 2020 a la planta académica del Instituto de Música UC, pero ha desarrollado la docencia largamente, especialmente en la Escuela Moderna de Música, donde es coordinador de cuerdas. "Tengo algunos ramos y, sobre todo, prácticas, cosas que hacen que mi trabajo orquestal, mi trabajo de profesor y de músico de cámara, se puedan desarrollar bien", comenta Alberto Dourthé Castrillón.

¿Qué representa para usted debutar en la Temporada de Cámara UC, considerando que es la primera vez que participa, ya como profesor del Instituto de Música UC?

"Estoy feliz. Y orgulloso, porque de alguna forma también yo me formé en algún momento de mi vida en el Instituto de Música de la Universidad Católica, y fue importante. Así que es una grata novedad en mi vida musical. Voy a ser bien sincero, porque hay una emoción, pero también una obligación de hacerlo lo mejor posible. En el ensayo de ayer, por ejemplo, estaban los papás de Frida, y don Fernando, fue mi profesor. Entonces obviamente hay un poquito de nervio, lo reconozco, pero esto representa un placer gigantesco".

¿Qué significa para usted poder hacer música de cámara, considerando que tiene una trayectoria tan larga en la música orquestal, como concertino de la Sinfónica?

"Considero que la música de cámara es parte de la orquesta: si tú no escuchas al de al lado, la orquesta no funciona. Y esto más encima se multiplica por la cantidad de intérpretes que hacen lo mismo que tú, es decir, puede ser toda la cuerda, puede ser la flauta y el violín, pueden ser incluso los bronces o, como sucede en las sinfonías de Brahms, con los cornos y los violines como pares. Por lo tanto, creo que hacer música de cámara es parte importante de lo que uno es como músico de orquesta".

En este programa que presentará con los profesores Frida Ansaldi y Marcela Rodríguez, ustedes nos mostrarán dúos de violín y también de violín y viola, pero temperados de alguna manera con tríos con piano. ¿Cómo nace la idea de este programa que usted diseñó?

"El hilo conductor de nuestra selección de música es la amistad, la fraternidad, y cómo las ideas musicales se relacionan con emociones. Por un lado está la amistad que me une con Frida desde niños, por nuestros padres, ambos justamente grandes violinistas, y su madre, gran pianista. Tenemos una relación musical desde la infancia. Y también nos conocemos con Marcela hace muchísimos años. Cuando uno escucha dos violines el sonido se confunde porque se mezcla, y no tiene la grandilocuencia que tienen, por ejemplo, dos pianos, así que buscamos otras combinaciones, a través de títulos que representan el cariño y la amistad".

Alberto Dourthé: "Estos dúos para dos violines son también una muestra de lo que era Hungría en la época en que Bartók hizo su investigación, pero con el lenguaje del siglo XX"

Además de una producción como compositor que se destaca por su volumen y que incluye hitos del repertorio que se interpretan en todo el mundo hasta la actualidad, Béla Bartók también dejó una profunda huella en el desarrollo mismo de la música de tradición escrita, abriendo nuevos caminos. Asimismo, fue el precursor de la etnomusicología: recopiló, grabó y analizó múltiples músicas folclóricas, en terreno, en las actuales Hungría y Rumania.

En estos conciertos, los profesores Alberto Dourthé y Frida Ansaldi abordarán siete piezas del ciclo 44 Dúos para dos violines, que Bartók escribió en 1933 como una serie educativa. Estas miniaturas las desarrolló a partir justamente del folclor que había estudiado en terreno.

"Lo más interesante de estos pequeños dúos, que pueden tener incluso 35 segundos de duración, es que entregan una muestra 'calcada' de lo que es el folclor, de la raíz misma de la música de Bartók. Y a raíz de esto, tú puedes ver todo el Bartók posterior, su Concierto para orquesta, su Concierto para viola, su Concierto para violín y también los de piano. Aquí tenemos todo el origen y más encima en base a dos instrumentos que son muy importantes para los húngaros", señala Alberto Dourthé.

"Bartók no solamente estudió la música de Hungría, de su patria, sino que también de Rumania y de todo el centro europeo que tenía a los violines como un instrumento de pueblo, de calle. No era un instrumento de teatro solamente, sino que lo tocaban los gitanos, todas las etnias, de manera que estos dúos son también una muestra de lo que era Hungría en la época en que Bartók hizo su investigación, pero con el lenguaje del siglo XX", agrega el concertino de la Sinfónica.

En este concierto se interpretarán los dúos nºs 43, 37, 36, 38, 22, 14 y 41. Algunos de ellos tienen títulos de danzas, como Ronda Rumana, así como Gaita, Danza de los Mosquitos y Danza de la Almohada.

Marcela Rodríguez: "El público se va a sorprender, porque éste es un Shostakovich que se permite el juego, creo que todos van a mirar el programa y van a decir '¿esto es de Shostakovich?'"

También tienen un corazón dancístico las cinco piezas para dos violines y piano que abordarán los profesores Ansaldi, Dourthé y Rodríguez. Se trata de arreglos que hizo en 1970 Levon Atovmyan de música que Dmitri Shostakovich compuso para el cine, en su época soviética.

"Shostakovich es un compositor que a mí me encanta. Y esto también tiene que ver con la fraternidad. Esta reducción de música de películas de Shostakovich fue orquestada por su mejor amigo, Atovmyan, ya que Shostakovich no tomaba su música para el cine como obras importantes de su repertorio. Realmente se amaban, eran amigos del corazón desde el momento en que se conocieron y eso se refleja en estas piezas para dos violines y piano, que son magníficos. Es música que uno dice 'Esto no puede ser Shostakovich', pero es justamente el arte de Shostakovich, que transmite desde Bach hasta nuestros días", agrega el profesor Dourthé.

Se trata de cinco piezas que el genio ruso compuso para proyectos cinematográficos y escénicos; una corresponde a la película Guitarras (1955) y otra al filme La historia del sacerdote y su sirvienta Balda, dos a una producción escénica de Pavel Sukhotin de La Comedia Humana en los años 30, y la otra pieza es una polca para el ballet de 1935 The Limpid Stream.

Se suma la profesora Marcela Rodríguez Hidalgo. Indica que son piezas de gran belleza. "Van a sorprender al público porque siempre se conoce a Shostakovich como un compositor bastante serio, grave. Es su característica. En cambio, éste es otro Shostakovich; se permite mucho más el juego. Creo que todos van a mirar el programa y van a decir '¿esto es de Shostakovich?'", ríe.

Alberto Dourthé: "Tocar Navarra es un sueño de toda la vida, para Frida y para mí, es como volver a ser adolescentes y cumplir este sueño, acompañados por nuestra querida amiga Marcela"

El programa incluirá también dos dúos para violín y viola que fueron escritos con un siglo de diferencia. En ellos, Alberto Dourthé tocará la viola. Y ello ha implicado retomar ese instrumento y estudiarlo a conciencia. "Es un instrumento tan rico; si no tuviésemos la viola no tendríamos la armonía", sentencia.

El profesor Dourthé destaca que también el Dúo para violín y viola nº1 de Wolfgang Amadeus Mozart tiene un fuerte vínculo con la fraternidad. "Mozart no iba a escribir este dúo; lo hizo porque Michael Haydn se enfermó, y el arzobispo Colloredo le había advertido que, si no le entregaba ciertos dúos, lo iba a despedir. Haydn estaba muy enfermo, en cama, Mozart lo visitó, porque estaba de paseo en Salzburgo, y le dijo 'por favor ayúdame'. Y Mozart se dio el tiempo para componer dos dúos para su amigo que lo necesitaba, fue un regalo para que su amigo pudiera recibir su sueldo. Este dúo que tocaremos no solamente es una obra clave del Clasicismo, sino que es una obra que nació basada en la amistad", indica Dourthé. Destaca igualmente que tendrá "la gran oportunidad de tocar la viola junto a Frida en el violín, es decir, hacemos algo que es también una dificultad mayor, pero que nos permite demostrar el cariño que nos tenemos. Es genial".

El programa integra, además, el Dúo para violín y viola de Jean Sibelius. ¿Encontramos en esta obra todo lo que nos seduce de este compositor finlandés en el gran formato orquestal?

"Sí, totalmente. Por supuesto que no es tan famoso como su concierto para violín, pero este dúo para violín y viola tiene, en su último movimiento, los temas de la Quinta Sinfonía. En su estructura está el mismo 3/4 que hace el trabajo de acompañamiento, con una melodía superior que está permanente, de manera que es un trabajo armónico muy interesante".

El cierre será con una obra contemporánea, pero procedente de España: el trío para dos violines y piano Navarra (1889) de Pablo de Sarasate.

"Navarra es la obra violinística por excelencia para dúo de violines. Puesto que contamos con Marcela, una gran pianista acompañante, y que con ella tenemos una gran amistad musical y humana, le pedimos que nos acompañe en esto que es un sueño de toda la vida. Te confieso que con Frida quisimos tocar esto toda la vida, pero nunca lo concretamos. Entonces ahora es como volver a ser adolescentes y cumplir este sueño, acompañados por nuestra querida amiga Marcela. ¡Es maravilloso!", reconoce Alberto Dourthé.

Frida Ansaldi: "Es una experiencia muy enriquecedora poder hacer música con Alberto Dourthé y con Marcela Rodríguez, porque los dos poseen una sensibilidad muy exquisita, una manera de trabajar muy agradable y muy entretenida"

También la violinista Frida Ansaldi Conn destaca Navarra, de Pablo de Sarasate. "Es una obra que yo tenía muchas ganas de hacer, ya desde el tiempo en que residí en Alemania, y no me había resultado. Ahora se presentó la posibilidad así que estoy más que feliz de poder hacerla con el maestro Alberto Dourthé, que es un excelente y consagrado violinista, concertino de la Sinfónica. Es maravilloso poder hacer esta obra que es un desafío al mismo tiempo, porque tremendamente difícil. Además, técnicamente está muy bien escrita para los violines, así que es un desafío y también un disfrute", confiesa.

Tras formase como violinista en el Instituto de Música UC, Frida Ansaldi se posgraduó en la Universidad de Indiana en Bloomington, Estados Unidos y siguió perfeccionándose en la Academia Chigiana en Siena y la Escuela Superior de Música de Hannover. Ingresó, a mediados de los años 80, la Academia Von Karajan de la Orquesta Filarmónica de Berlín y allí fue alumna del concertino Leo Spierer. Enseñó por 13 años en el Conservatorio Rudolf Wagner-Régeny de Rostock, en Alemania, y desde 2011 es profesora titular en el Instituto de Música UC.

Frida Ansaldi, violinista. Foto: Gonzalo Beltrán.

Frida Ansaldi resalta, además que el programa "tiene elementos folclóricos interesantes, por ejemplo, en la música de Bartók y en la música de Sarasate, Navarra, y también en las piezas de Shostakovich, que tienen la nota oriental de fin de siglo. y que es una música como de la Belle Époque. Además, destacaría los dúos de violín y viola que tocamos; el dúo de Mozart que es muy famoso también y que es un disfrute poder tocarlo, al igual que el dúo de Sibelius, que es puro romanticismo finlandés".

La profesora Ansaldi es enfática respecto de la oportunidad de actuar en la Temporada de Cámara UC junto con sus colegas. "Es una experiencia muy enriquecedora, para mí, poder hacer música con Alberto Dourthé y con Marcela Rodríguez, porque los dos poseen una sensibilidad muy exquisita, una manera de trabajar muy agradable y muy entretenida. Entonces la parte humana y musical se combinan, y eso es muy fructífero", asegura la violinista.

Marcela Rodríguez: "Navarra es una obra cumbre en cuanto al virtuosismo en el violín que caracteriza a Sarasate y, como toda su música, uno siempre termina cantándola después, porque queda en la cabeza"

Marcela Rodríguez Hidalgo, por su parte, lleva 20 años enseñando en el Instituto de Música UC y es una de los nueve pianistas acompañantes que ingresaron el año pasado a la planta académica. Estudió en la Academia Frédéric Chopin de Varsovia, en Polonia, donde también se formó como pedagoga. Para ella, actuar junto con Alberto Dourthé y Frida Ansaldi, "es un completo honor porque son tremendos músicos. Tienen una tremenda trayectoria entonces me siento muy honrada de que me hayan invitado a participar. Ésa es la verdad".

La pianista también destaca Navarra, de Sarasate. "Es una obra muy virtuosa, sobre todo para Frida y Alberto; es una obra cumbre en cuanto al virtuosismo en el violín que caracteriza a Sarasate". Comenta, además, que es una jota cuyo ritmo parece ir siempre hacia adelante.

"En Navarra, yo me doy el lujo de escuchar y seguir a Frida y Alberto, porque el piano va haciendo una base un poquito más armónica, más rítmica, pero es una pieza de mucho efecto para los dos violines. Ellos son los que llevan la batuta virtuosística de la de la obra. Es una obra muy bonita, por lo demás, como toda la música de Sarasate, que uno siempre termina cantándola después, porque queda en la cabeza", reflexiona Marcela Rodríguez.

La pianista y profesora Marcela Rodríguez.

Los pianistas suelen comentar que su instrumento es muy solitario, pero en su práctica docente, como pianista acompañante, el piano siempre es una herramienta de comunicación con otro músico, ya que todos los días trabaja con estudiantes de diversos instrumentos. Usted enseña en esa práctica, y el piano es un instrumento de permanente diálogo.

"Bueno, hay que distinguir al pianista solista del pianista acompañante o correpetidor, y también al pianista que hace más música de cámara. En mi caso, yo descubrí muy joven que justamente como el tema era tan solitario, me gustaba mucho más hacer música de cámara, tocar con gente y, como dices tú, siempre me gustó el piano como un instrumento como de comunicación y de enseñanza también. Me toca acompañar a muchos alumnos y uno percibe que aprecian la experiencia que uno va acumulando con tantos años de acompañar a tanta gente y tantos instrumentos distintos. He pasado por muchos, desde vientos y percusión hasta cuerdas y canto. En este momento, siento que lo que más me gusta acompañar son las cuerdas y por eso me dedico a eso, básicamente".

En su jornada laboral acá en el Instituto de Música, como profesora, usted pasa todo el día tocando con distintos estudiantes, de diversos instrumentos y también por diferentes repertorios, ¿no?

"Claro. Y también es bonito hacer las mismas piezas con distintos instrumentos porque hay muchas diferencias. Hay piezas que son mucho más solistas, por ejemplo, para las cuerdas, y uno está en un rol absolutamente de acompañante, y hay sonatas donde se reparte más el asunto, por ejemplo, obras de Mozart donde él mismo puso que son para piano y acompañamiento de violín".

 

 

 

 

 

 

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