Alejandro Reyes: “Escucharemos el non plus ultra del arte de cámara francés de fines del siglo XVII e inicios del XVIII”

15 de octubre de 2021


El clavecinista lidera al conjunto de música antigua La Interfase Tonal en el programa “La Visionnaire”, que se presentará el martes 19 de octubre en el auditorio del Centro de Extensión Oriente. En este concierto presencial se interpretarán obras de Couperin, Marais, Leclair, Boismortier y Hotteterre.

El conjunto de música antigua La Interfase Tonal, que integran tres profesores del Instituto de Música UC, ofrecerá el martes 19 de octubre un nuevo concierto con público presencial en el auditorio del Centro de Extensión Oriente. El aforo será de 50 personas y la inscripción es gratuita e individual, aquí. Además del pase de movilidad y el tamizaje oficial de la UC, el uso de mascarilla será permanente.

Este concierto, además, se transmitirá en vivo y en directo a las 19:00 horas, en Musica.uc.cl. El programa se titula “La Visionnaire” y la obra homónima de François Couperin está en el centro del repertorio elegido: obras de contemporáneos suyos, todos franceses, Marin Marais, Jean-Marie Leclair, Joseph Bodin de Boismortier y Jacques-Martin Hotteterre.

“Son obras de muy buen gusto del non plus ultra de lo que es el arte de cámara francés de la segunda mitad del siglo XVII y la primera del XVIII, y es música que no se escucha corrientemente”, indica Alejandro Reyes, quien diseñó esta curaduría.

La Interfase Tonal reúne al profesor Reyes, a la violinista Oriana Silva, concertino de la Orquesta Clásica Usach, y a Florencia Bardavid en viola da gamba. Actuará, como invitado, el flautista Sergio Candia.

El conjunto de música antigua nació cuando prepararon un concierto dedicado al Barroco tardío en Austria. Desde entonces, trabajan en un programa anual, con instrumentos de época e invitados. Ya están preparando su próxima propuesta. “Para el Encuentro de Música Sacra 2022, vamos a presentar el estreno de Jesu meine Freude, de Dietrich Buxtehude, quien fue el profesor de Bach. Será un programa de estrenos en Chile de música sacra alemana de la segunda mitad del siglo XVII”, adelanta Alejandro Reyes.

La Interfase Tonal: Oriana Silva, en violín; Alejandro Reyes, en clavecín, y Florencia Bardavid, en viola da gamba.

En el programa “La Visionnaire”, La Interfase Tonal dará cuenta del Barroco francés, y de cómo incorporó aspectos propios del Barroco italiano. El profesor Reyes entrega más antecedentes de este proceso histórico y estético. “Los italianos son los creadores del estilo Barroco, que nace un poquitito antes de 1600 buscando revivir los valores clásicos y dejando atrás el concepto del coro como hegemónico. Porque antes los luthiers construían instrumentos como coros, los cuales armonizaban muy bien juntos, pero que no necesariamente eran tan nobles como el instrumento solista. Con el barroco, en cambio, nace el concepto de solista, y con eso hay un desarrollo técnico tremendo que se produce rápidamente, por parte de intérpretes y compositores, lo que termina en una vorágine de virtuosismo y fantasía que prácticamente le da a Italia la hegemonía de la música en toda Europa”, explica.

“El estilo barroco francés nace prácticamente como una especie de reacción a ese desborde de temperamento del Barroco italiano. Los franceses tienen un carácter totalmente diferente, un carácter que es contenido, muy analítico, amante de la forma y distante, y ocurre que las danzas y las piezas de carácter se transforman en los favoritos de estos compositores, quienes reflejan lo que se ve en los palacios barrocos de la época, como es la simetría en las formas. El Barroco italiano y el Barroco francés son estilos tan diametralmente opuestos, que se podría incluso hablar de dos idiomas totalmente diferentes”, agrega Alejandro Reyes.

Usted mencionó que antes del Barroco los luthiers construían los instrumentos como coros. ¿Es lo que se conoce como consort?

“Exacto. Los luthiers trabajaban el consort. Hacían, por ejemplo, el consort de flautas; pero la flauta como instrumento solista es un concepto barroco total. En los consort, todos los instrumentos se comportaban como coro; lo que hacían en realidad era música vocal, pero con sus instrumentos. Hacia fines del siglo XVI empieza a aparecer la música que es realmente idiomática para los instrumentos, a raíz de esta innovación que significó el Barroco, la seconda pratica”.

El formato de consort previo al solista del Barroco, ¿tiene que ver también con las capacidades técnicas de los instrumentos, que cuando se desarrollan más le permiten más al solista?

“No. La idea va por otro lado. Es la siguiente: que entre los instrumentos se produzca una armonía homogénea, de manera que se comporten como coro. La música del Renacimiento pretendía reflejar la perfección divina, y eso tiene que ser en coro porque en la colectividad se pierde la individualidad, así es como la humanidad mira hacia Dios. En el Barroco, en cambio, lo que se busca es la individualidad, y por eso aparece el solista y el desarrollo técnico”.

Respecto del concierto del 19, ¿qué puede decirnos de “La Visionnaire” de Couperin, que es el eje del programa?

“A François Couperin, sus contemporáneos le llamaban ‘el grande’. Él es la culminación del arte francés y marca el comienzo de la fusión del estilo francés con el estilo italiano, pero sin perder la idiosincrasia. Además, es muy virtuoso; prácticamente se suceden un movimiento al otro, zamarreando anímicamente al auditor, de la calma más grande a la furia más grande, en cosa de segundos”.

¿Cómo se articula esa obra de Couperin con las otras dos trío sonatas, la Op.37 N°5 de Joseph Bodin de Boismortier, y la Op.3 N°6 de Jacques-Martin Hotteterre?

“Boismortier y Hotteterre también incursionan en los estilos de fusión. O sea, se rinden un poco frente al estilo italiano. Por algo son sonatas; antes, los franceses solamente escribían suites, siempre rindiéndole homenaje a la danza. El hecho de dignarse a escribir una sonata es abrazar una fusión, abrazar algo italiano que no es lo propio del estilo francés. Ahora, la gracia es que ninguno de los dos pierde nada de su identidad”.

¿Y qué nos puede comentar sobre las otras dos obras del programa, la Sonata Op. 1 N°10 de Jean-Marie Leclair y la Suite en Sol mayor de Marin Marais?

“Ahí tenemos el non plus ultra de lo francés. Marais fue el gambista más importante, y la viola da gamba fue el instrumento más noble que se ocupó en Francia. De Marais, vamos a tocar una suite. Ése, entonces es un estilo francés sin nada de ‘contaminación’ italiana, y con el instrumento favorito, regalón, de Francia, que es la gamba. En cuanto a Leclair, lo interesante es que él era violinista, y el violín no necesariamente fue un instrumento muy popular en Francia. Sin embargo, lo que hace Leclair es bastante notable porque el desarrollo técnico que él vivió fue tan increíble que sirvió de base para muchas cosas que ocurrieron después. Lo notable es que estamos hablando aquí de un violín muy, pero muy virtuoso, que fue totalmente aceptado, y estamos también hablando de un estilo que ahora hace concesiones”.

A modo de invitación, ¿podría profundizar en qué diferencia al Barroco francés del italiano, y cuánto muestra el programa del proceso histórico que se da en Francia a medida que se van incorporando elementos?

“El estilo Barroco francés se caracteriza por utilizar formas claras y breves, como las piezas instrumentales de carácter, y con títulos sugerentes. Esto se condice con su temperamento, que es contenido, distante, extremadamente analítico y amante de la forma. Los italianos en cambio, prácticamente creadores del estilo Barroco, son sumamente extrovertidos, muestran sus afectos sin inhibiciones y su discurso desafía frecuentemente las formas establecidas. Se podría decir que el estilo francés nace como reacción a este desborde de temperamento. Lo que vamos a escuchar en el concierto son obras escogidas de la música barroca francesa de la segunda mitad del siglo XVII e inicios del XVIII. Escucharemos obras que no hacen concesiones, que son puro estilo francés, como la suite de Marais, y otros compositores que ya se abrieron a la posibilidad de incorporar elementos del estilo italiano como lo hacía Boismortier y, sobre todo, Leclair. Vamos a escuchar al instrumento regalón del Barroco francés, que es la viola da gamba, y se suman el violín y la flauta dulce. El violín no necesariamente era el instrumento más popular en Francia, sin embargo, Leclair fue el gran cultor del violín, y logró entonces posicionarlo a otro nivel. De él vamos a escuchar una sonata muy muy exigente técnicamente y que nos muestra la fusión de estos dos estilos, yo diría con predominancia del italiano”.

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