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"Un Réquiem entre la memoria y la emoción": crítica en El Mercurio del cierre del 22° Encuentro de Música Sacra UC

1 de mayo de 2025


El estreno en tiempos modernos de la copia del Réquiem de Mozart descubierta en la Catedral de Santiago por el director de Música UC Alejandro Vera, indica Juan Antonio Muñoz, "fue no solo un acontecimiento artístico relevante, sino también un gesto de memoria cultural". Señala que el concierto "conjugó fervor religioso, rigor académico y la complejidad de una obra tan mítica como exigente", y destaca que la dirección de Felipe Ramos Taky logró una "sonoridad diáfana", así como la "excelencia técnica y musicalidad" del concertino Miguel Ángel Muñoz y que los solistas vocales fueron un "cuarteto bien equilibrado".

El diario El Mercurio publica en su edición del 1 de mayo una crítica de Juan Antonio Muñoz del concierto que cerró el 22° Encuentro de Música Sacra UC  el martes 29 de abril en el Templo Mayor del Campus Oriente UC.

Se titula "Un Requiem entre la memoria y la emoción", y en ella se recalca que la ejecución del Requiem de Mozart, con la dirección de Felipe Ramos Taky, "fue no solo un acontecimiento artístico relevante, sino también un gesto de memoria cultural: la versión interpretada proviene de una copia manuscrita llegada a Chile en 1853 que permaneció intacta durante 172 años en la Catedral de Santiago".

Juan Antonio Muñoz puntualiza que, "descubierta por el musicólogo Alejandro Vera, esta partitura, silente por más de un siglo y medio, recobró vida"

El concierto, indica. "conjugó fervor religioso, rigor académico y la complejidad de una obra tan mítica como exigente".

Juan Antonio Muñoz destaca que "el Requiem desplegó toda su arquitectura dramática con una sonoridad diáfana, impulsada por una dirección clara y decidida. Seguramente guiado por la partitura recién recuperada, Ramos Taky optó por tempi poco habituales". También, que esa velocidad "imprimió vitalidad al conjunto", pero también "impuso grandes desafíos al Coro de Estudiantes y a la orquesta", con efectos en la comprensión del texto y la articulación coral.

"Mención especial merece el concertino Miguel Ángel Muñoz, cuya excelencia técnica y musicalidad aportaron brillo y unidad al conjunto instrumental", señala.

En cuanto a los solistas, indica el crítico que fueron un "cuarteto bien equilibrado" , el cual "respondió con sensibilidad y musicalidad a los variados matices emocionales de la obra".

Juan Antonio Muñoz detalló los puntos más altos de los cantantes solistas, uno a uno. "La soprano Claudia Figueroa brilló con una emisión luminosa y natural, ideal para el estilo mozartiano, aportando especial belleza en momentos como el Lux aeterna", señala, y agrega que la mezzosoprano Evelyn Ramírez "ofreció una interpretación interiorizada y cálida, con una línea expresiva de gran  profundidad".

Igualmente indica que el tenor Gonzalo Quinchahual "destacó por su bello timbre y pulcro legato, particularmente en Mors stupebit et natura... y el Recordare", mientras el barítono Cristián Lorca "se impuso en el solemne e imponente Tuba mirum".

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