29 de septiembre de 2026

photo_camera Edgardo Campos Seguel. Foto: Belén Droguett.
El músico y luthier Edgardo Campos Seguel estuvo fascinado desde la infancia por Johann Sebastian Bach. Pero recién se sintió listo para tocar El Arte de la Fuga cuando estaba cerca de cumplir 46 años de edad. Fue en 2024 y en el Instituto de Chile. Calcula que estuvo 20 años preparándose para ello. Antes sólo la había tocado en conciertos privados.
Ahora, en un concierto extraordinario programado por el Instituto de Música UC fuera de su Temporada de Cámara, este intérprete penquista volverá a interpretar esta obra cumbre del contrapunto barroco. Será a las 19 horas del jueves 1 de octubre, en el Teatro Centro de Extensión Oriente UC (Jaime Guzmán 3.300, inscripción gratuita).
"Para mí, El Arte de la Fuga es una meditación en música donde se desarrolla un tema único al cual se van adhiriendo otros temas y se va creando una arquitectura cada vez más compleja, lo que hace que uno entre en una profunda meditación", anticipa.
La primera vez que abordó esta obra monumental de Bach fue en mayo de 2024, en la sede de la Academia Chilena de Bellas Artes. Era un proyecto que tenía hace años, declaró. "Lo he estado preparando, yo diría, desde niño, porque me empezó a interesar a los 13 o 14 años", comentó (ver entrevista).
¿Cómo nació su relación con la música barroca y con el clavecín?
"Todo parte de Bach, de niño, cuando me gustó, y al acercarme a ese músico a través de distintos instrumentos, como flauta y guitarra. La posibilidad de haber tenido un armonio cerca, en mi entorno, fue haciendo que yo derivara hacia los teclados. Como yo estaba obstinado con Bach, me dije 'órgano, clavecín, esos son los teclados que toca Bach'. Fue lo que yo pude discernir a esa edad, y entonces me fui dirigiendo hacia allá, hasta que, mucho más tarde, fui a estudiar en Francia y pude aprender luthería. Desde Bach me fui relacionando con la música antigua".

Edgardo Campos Seguel y su clavecín. Foto: Belén Droguett.
Edgardo Campos vivía en una iglesia, ya que su madre era secretaria parroquial, y ahí había un armonio. A los 13 años, conoció a Raúl Morales; él le enseñó piano y a él lo sucedió Campos como organista de la Iglesia Luterana en Concepción. Tenía 14 años.
En 2005 compró un kit y armó su propio clavecín. El instrumento, detalla, es de estilo francés tardío, pero de un autor germano, lo que le da ciertas características distintas. Y cuando empezó a formarse como luthier, lo empezó a modificar para que quedara a su medida. Lo explica: "A mi medida de touché y a mi medida de sonoridad; lo he adaptado mucho a mí."
Con ese clavecín vendrá desde Concepción para dar su concierto del 1 de octubre, en un retorno a la Universidad Católica que resulta bastante significativo. Porque un profesor visitante del Instituto de Música UC, que dio clases magistrales de clavecín y dirección en el año 2009 fue clave para que este músico penquista decidiera ir a Francia.
"Tomé las clases con Bruno Procopio, clavecinista brasilero que vivía en París. Ahí nació la idea de ir a estudiar a París", recuerda. Estuvo una década en Francia y además de interpretación en el teclado aprendió luthería con maestros constructores de clavecines como Olivier Fadini, y, especialmente, Emile Jobin.
Hoy tiene un taller en Concepción y un estudiante particular. Además, enseña Música de cámara en el Conservatorio Laurencia Contreras, en la Universidad del Bío-Bío.
Cuando Edgardo Campos interpretó El Arte de la Fuga en el Instituto de Chile, en mayo de 2024, fue un acontecimiento. Lo constató el compositor y profesor Gabriel Matthey en la Revista Musical Chilena. "Por primera vez en la historia de nuestro país —hasta donde pude investigar—, se estrenó El Arte de la Fuga (Die Kunst der Fuge, BWV 1080), de Johann Sebastian Bach (1685-1750), en versión para clavecín solo", escribió.
"Si bien antes ya se había estrenado en órgano (por Luis González Catalán), o en agrupaciones de cámara (por Juan Pablo Izquierdo), no logré encontrar señales de que se hubiera estrenado en clavecín. Es decir, esa tarde de mayo se trató de un momento único, histórico, tal como ocurre cuando se estrenan obras contemporáneas, aunque en este caso ocurrió con más de dos siglos y medio de desfase", agregó Matthey (ver artículo).

Edgardo Campos en su recital en el Instituto de Chile, mayo de 2024. Se puede revisar el registro en este canal de YouTube. La imagen es una captura del video.
Antes del concierto, Edgardo Campos calificó El Arte de la Fuga como "uno de los grandes monumentos de la música occidental" y como "la máxima expresión del arte de la fuga y el contrapunto". Aseguró que fue el último gran proyecto de Johann Sebastian Bach. "En él se vuelca completamente al contrapunto y la fuga, y elabora una obra basada en un solo tema, con catorce grandes fugas y cuatro cánones. Bach acá comienza a mirar hacia el pasado, hacia el Renacimiento, donde se gesta la teoría misma de la composición de la fuga. Bach intenta extraer, y lo logra, todas las posibilidades que pueden emanar de un solo tema. Entonces resulta ser una especie de testamento, pero también un tratado del arte de la fuga", argumentó (ver entrevista).
Posteriormente, el tecladista declaró que en ese concierto se sintió "muy, pero muy cómodo. Creo que todos lo disfrutamos mucho y llegó mucha gente" (ver entrevista). Después, la interpretó otras cuatro veces, calcula.
¿Cómo ve ahora esta tremenda obra, habiéndola ya tocado varias veces?
"Creo que no es una obra donde uno cambia mucho su concepción, no es una obra donde uno descubra tantas cosas nuevas. Pero lo más fuerte que uno vive al tocarla es la manera en que esa obra va habitándolo a uno. Es como si a uno le dejara de trabajar el cerebro. Es algo bien extraño; es como si uno estuviera casi suspendido tocando. Así lo vivo yo".
Es por eso, explica, que para prepararse para el concierto del 1 de octubre no la ha tocado entera. Sino que observa detenidamente la edición original, y va leyendo algunas secciones muy lentamente. Algunas veces tocándola, y otras sólo mirándola. "De esa manera me voy compenetrando en el movimiento y la interacción de las voces", asegura Edgardo Campos. "La partitura es muy hermosa, disfruto mucho ir descubriendo el encuentro de las voces, esperando que el flujo del concierto sea espontáneo", agrega.
¿Cómo ha sido la recepción del público, considerando que la ha interpretado en recintos tan distintos?
"Ha habido un público muy diverso en Santiago, en la Academia de Bellas Artes y en el colegio donde la hice, con niños, en la Universidad de Talca y en Concepción, así como en el resto, que fueron muchos conciertos en mi casa con diez personas, y con personas que jamás habían escuchado ni siquiera Bach, ni siquiera un clavecín. Y muchas veces he tenido la impresión de que la gente llega un poco incómoda, no sabiendo dónde están, que no les gusta la formalidad, pero terminan siendo transportados por ese discurso donde un tema vuelve a aparecer. Es como una meditación en música".

Edgardo Campos Seguel. Foto: Dominique Visse.
Destaca Edgardo Campos que el contrapunto que hace Bach mismo interesa tanto a quienes se dedican a la música antigua como la los compositores e intérpretes de música contemporánea. "Todos consideran El Arte de la Fuga como non plus ultra del arte del contrapunto", enfatiza.
¿Había alguna vez sido parte de la programación artística de la Universidad Católica?
"Hace muchos años, antes de irme a Francia, tuve algunos conciertos con Víctor Alarcón y también actué en el Festival de Música Contemporánea. La verdad que estoy súper contento con esta invitación personal de, Alejandro Vera, director del Instituto de Música UC. Tocar El Arte de la Fuga es una de las cosas de mayor riqueza dentro de la vida de un músico, así que estoy feliz"
Cuando se sumó al Ensamble Contemporáneo que dirige Aliocha Solovera, lo hizo en una obra de Miguel Aguilar. Además de la música antigua, Campos Seguel toca sintetizadores y hace improvisación: improvisación libre y también improvisación histórica.
"Uno tiene que poder hacerse amigo del instrumento, ya sea un sintetizador, un piano moderno o un instrumento antiguo. Hay que entender su técnica y adaptarla. Ese sentido de la adaptación creo que viene de un pensamiento antiguo, barroco o renacentista, porque es un periodo donde florecen los instrumentos y florecen los tipos de prácticas. Cualquier cosa que se le ocurría a alguien la construían y aparecen clavecines de 20 teclas por octava o más, de 24. Cosas locas. Hay un instrumento que se llama geigenberw, que es un teclado creado por el fray Raimundo Truchada. Es de cuerda frotada y de teclado, imagínate. Está en un Museo de Bruselas. Esa concepción del mundo de querer llevar a los límites las cosas, de explorar es algo que yo vivo actualmente en mi mundo y por eso voy a ver también sesiones de improvisación, de jazz", reflexiona el músico penquista.

Edgardo Campos Seguel y el clavicordio medieval que construyó y estrenó en mayo de 2026. Foto: Belén Droguett.
Hay dos eventos que organiza, ambos en Concepción: el Festival Tremolando - el primero en esa capital regional de música históricamente informada, asegura- y que se efectúa en enero, y la Semana del Clavecín, cuya segunda edición se efectuó la semana pasada. El viernes 25, de hecho, Edgardo Campos y el profesor de Música UC Camilo Brandi tuvieron un duelo de improvisación en el Colegio Médico de Concepción.
"Hay pruebas que son de oficio como bajo continuo, fuga, basso ostinato y adagio ornamentado. Hay otras pruebas que son de carácter, por ejemplo, tocar en estilo francés, y así, son varias pruebas. Contacté a Felipe Guerra, que estudió en la Católica y es clavecinista en París, Matthieu Camiller, que es uno de los más tremendos improvisadores en música histórica que hay en el mundo, y ellos nos colaboran enviando temas al jurado, que nos va indicando las pruebas", revela Campos Seguel.

Edgardo Campos Seguel y el clavicordio medieval que construyó y estrenó en mayo de 2026. Foto: Belén Droguett.
En su faceta como luthier, en tanto, logró un hito en mayo pasado: presentó en sociedad el clavicordio medieval que construyó, en el cierre de un proyecto financiado por un Fondart del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, titulado “Artesanía del clavicordio medieval, un arte desconocido en Chile”.
Quiso construir este clavicordio medieval porque un amigo necesitaba un instrumento para tocar un repertorio muy específico de la segunda mitad del siglo XV. "Los clavicordios más antiguos que sobreviven en museos son 100 años posteriores, de alrededor de 1550. Nosotros estamos hablando de un instrumento de entre 1450 y 1500. Por lo tanto, no tenemos un vestigio para basarnos o algo que quede de un instrumento. Lo que queda es solamente iconografía y literatura", explicó entonces (ver nota).
Trabajó con dos fuentes. Por un lado, el estudio de Pierre Verbeek sobre la Intarsia de Urbino (1479), que es una habitación en el Palacio Ducal de Urbino que tiene todas las paredes intarsiadas, es decir elaboradas con esa técnica de marquetería. Uno de los objetos representados en perspectiva es un clavicordio.
Por el otro, con el Tratado de Arnaud de Zwolle (1440), quien fue físico, astrónomo, astrólogo, organista, de Felipe el Bueno. En ese tratado de luthería, describe diferentes instrumento, entre ellos, un clavicordio.
Recuerdo que hizo un concierto en Concepción en algún momento. ¿Ha tenido más oportunidades de tocar ese isntrumento ¿Cómo ha sido la vida del clavicordio medieval? "
Sí, fue en una iglesia, y fue muy bonito, la gente estaba muy curiosa y obviamente no se amplificó. Fue una linda experiencia. Y después, el clavicordio se fue a Francia a vivir".
¿Cómo? ¿Lo vendió?"
Sí, lo vendí y comencé a hacer otro similar. Y ahora estoy apuntando a otros proyectos de instrumentos similares, pero no necesariamente de esa época. Por ejemplo, estoy proyectando un clavicordio a pedal".

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