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Fabio Zenon: “Chile es motivo de envidia en los otros países, por su éxito en generar una gran cantidad de buenos guitarristas”

30 de septiembre de 2021


Como parte de la Escuela Internacional de Profesores Visitantes del Instituto de Música UC, el guitarrista Fabio Zanon está ofreciendo un curso en forma remota desde el 27 de septiembre y hasta el 2 de octubre. Aquí habla de su trabajo en Campos do Jordão, del repertorio y de la escena guitarrística de nuestro país.

Fabio Zanon (1966) nació en Jundiaí, 50 kilómetros al noroeste de São Paulo. Entre otros reconocimientos, obtuvo el primer lugar en el 30° Concurso Francisco Tárrega, y los premios Moinho Santista y Carlos Gomes. Ha actuado con numerosas orquestas de primer nivel, y ha hecho clases en más de 40 países. Es profesor visitante de la Royal Academy of Music de Londres y en 2013 asumió como coordinador artístico-pedagógico del Festival Internacional de Invierno Campos do Jordão, en el cual enseña hace 16 años. 

Ha grabado con sellos como Naxos y Decca y su discografía es abundante, con un álbum monográfico de Villa-Lobos que es de referencia, y registros de Guastavino, Ginastera, Tárrega, Granados, Albéniz y Ponce, pero también de Bach, Scarlatti y Schumann. Este guitarrista de fama internacional combina su carrera solista con la dirección y la enseñanza. La semana pasada, de hecho, estaba en Mogi das Cruzes, localidad del interior del Estado de São Paulo, pero trabajando como director con la orquesta de la ciudad, en obras de Schubert y Mozart.

“Es que me interesa la música, entonces para mí sería una vida muy pobre de no poder trabajar con la música de Beethoven o de Debussy. Entonces, dirigir es una pequeña oportunidad que tengo de trabajar con música que es muy impresionante”, comenta Fabio Zanon.

Tras haberse formado como guitarrista en Brasil, entre 1990 y 1993 se posgraduó en la Royal Academy of Music de Londres. “En estos años, la dirección era mi segundo estudio, entonces tuve una formación completa como director, pero no lo desarrollé profesionalmente, hasta el año 2002, 2003, cuando me empezaron a invitar a dirigir como solista de guitarra al mismo tiempo, bueno, y sigue siendo así. Dirijo algunos conciertos al año”, explica. 

Ha venido varias veces a Chile. “Creo que tres o cuatro veces, para festivales de guitarra, invitado por Romilio Orellana, y también invitado por José Antonio Escobar, que es un amigo queridísimo. Cuando era estudiante, en 1992, participé en el concurso de Viña del Mar, Luis Sigall. Obtuve el segundo premio”, cuenta, y adelanta que en el curso para el Instituto de Música UC, hará “una charla sobre dos compositores brasileños que son muy importantes en el repertorio: Heitor Villa-Lobos y Francisco Mignone, cuya música yo he grabado”.

¿Qué puede decirnos de su trabajo para el Festival Campos do Jordão, que representa además una de las más importantes escuelas de temporada del Cono Sur?

“Es un festival muy tradicional, ya tiene 51 ediciones, y se creó con dos propósitos. Uno de ellos es  proporcionar una programación artística para una ciudad que es un resort de invierno. Pero es también una academia de entrenamiento orquestal; recibimos entre 180 y 200 estudiantes que forman una orquesta sinfónica y una orquesta de cámara, y desde el 2017 hacemos también música antigua, además de música de cámara, por supuesto. Vienen directores bien destacados de fuera de Brasil, y maestros que dan conciertos y enseñan. Por las mañanas tienen ensayo de orquesta o de cámara, por la tarde aprenden las bases, y por la noche hay conciertos. Es una inmersión en la música en un sitio de montaña muy bonito. Es un mes de ensueño”.

Hablemos del impacto en un joven intérprete de esta inmersión, en la cual aprenden con nuevos profesores e interactúan con sus pares. Usted , ¿vivió esta experiencia de joven? ¿Cómo lo marcó?

“Sí, claro, porque aquí en Brasil son muy populares estos seminarios de vacaciones, tanto en verano como en invierno. Me parece que la misión de los maestros y de los músicos que se presentan es decir que la profesión vale la pena, que es la cosa más bonita que se puede hacer. Si los alumnos no salen con esta sensación, el curso entero ha fallado, porque debe alimentar su vocación. Ahora, desde que yo era estudiante ha pasado mucho tiempo, y la imagen sociocultural de los estudiantes de música ha cambiado mucho. Cuando yo estuve ahí como estudiante, era una profesión de gente que venía de familias un poco europeas, un poco judías, que ya tenía algún músico en la familia, entonces se estudiaba piano en el conservatorio para seguir una tradición. Hoy en día, yo diría que el 70% o el 80% de los estudiantes vienen de proyectos sociales, y para ellos la música es un descubrimiento que involucra a toda la familia, todo su entorno sociocultural. Muchas veces vienen de áreas bastante duras, de una condición económica muy precaria, entonces la música cumple la función práctica de ofrecer una nueva disposición económica para el estudiante y su familia también. De todas maneras, el pegamento social es una cosa super importante, y en la memoria de muchos de los alumnos queda para siempre el haber tocado música de cámara con sus amigos, con sus colegas y con los maestros. Tocar por ejemplo un sexteto, en que hay cuatro estudiantes y dos maestros, es la cosa más estimulante”.

En Brasil existe un rico repertorio para la guitarra, particularmente idiomático y que se hace cargo de la herencia de la música popular. Usted ha abordado este acervo, pero también se ha hecho cargo de un repertorio amplio, desde el Barroco. ¿Por qué?

“Tengo dos respuestas para esta pregunta. Lo que pasa es que yo no me veía como guitarrista cuando era niño. Yo tocaba la guitarra, por supuesto, pero mi interés en la música era muy amplio; me encantaba el repertorio para guitarra, la música española, lo poco de música barroca que tocamos, los compositores románticos del siglo XIX… Pero me encantaba también escuchar Mahler, Debussy, Beethoven, que no se puede tocar en la guitarra. Hasta los 20 años de edad, yo en verdad no sabía muy bien si iba a ser guitarrista. Pero el hecho de que soy director de un festival de música orquestal dice mucho: estoy interesado en una visión más amplia de la música. Yo quiero entender cómo la guitarra se ubica en una tradición musical que es una tradición de mil años y que se propone como universal. Durante algún tiempo se proponía que la música de Villa-Lobos dialoga con la música de Stravinsky, Ginastera o Pedro Humberto Allende, que la música de Fernando Sor dialoga con Schubert, Cherubini, o la ópera. Eso es lo que me interesa más. Por esa razón, yo he desarrollado una lectura muy buena, muy eficiente, que me permite conocer mucho repertorio. Creo que la curiosidad es lo principal. Lo otro es la tradición brasileña de la guitarra, como en casi todos los países de las Américas; hay una guitarra estadounidense, una guitarra cubana, una guitarra venezolana, una guitarra chilena. Creo que la amalgama de la guitarra con las culturas autóctonas es un milagro; es lo que hace la sonoridad de la música, lo que crea la afinidad en las distintas culturas de países tan distintos como por ejemplo Perú y Brasil, o Perú y Haití. Eso me fascina. No es posible hablar de la guitarra clásica brasileña, sin hablar de Baden Powell, de Dilermando Reis, de Garoto, de Egberto Gismonti, de João Gilberto, eso también es la guitarra brasileña”.

¿Cómo ve la creación actual para la guitarra en la región, y en Brasil en particular? ¿Le interesa?

“Sí, por supuesto. Hay dos líneas. Porque una expresión que no había antes en portugués es la música académica; nosotros hablábamos de música clásica, erudita, de concierto, pero música académica jamás. Pero ahora se habla más de música académica porque son compositores que están ligados a la universidad y son independientes de la recepción del público general. Me parece importante que exista porque es una música especulativa, es una rama de la ciencia, supone investigación y creación. También hay otra línea, que es la música que se hace en un ambiente no tan formal, donde no es necesario escribir una tesis para validar la música. En Brasil, como en todos los países, y sé que en Chile esto es muy fuerte, hay una profusión de excelentes guitarristas compositores que están escribiendo, o componiendo sin escribir, mucha música buena para la guitarra. Sería interesante crear puentes entre las dos cosas; hacer una formación académica más fuerte para los compositores espontáneos, y que los compositores de la academia tengan una plataforma y un diálogo con el público más consistente, tal como era en la época de Villa-Lobos y de Ginastera, hablo del período de entreguerras e inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde era una cuestión política también, de relaciones internacionales”. 

Fabio Zanon. Foto: Eduardo Sardinha.

En Chile, existe una escena guitarrística muy vital que se ha consolidado desde que Luis Orlandini obtuvo el primer premio en Munich, en 1989, rompiendo una barrera tal vez sicológica, con varias generaciones de guitarristas premiados que hacen carrera como concertistas y que también enseñan, además de una creciente y abundante producción de composiciones. ¿Es reconocida esta escena afuera de nuestro país?

“Sí, por supuesto. Me parece que hoy en día Chile es motivo de envidia en los otros países. Porque tenemos buenos guitarristas en Brasil, pero somos 220 millones de personas, entonces estadísticamente deberíamos tener mucho más. Parece que el éxito en Chile es generar una gran cantidad de buenos guitarristas, sin ser una potencia, un país de dimensiones continentales como es Brasil. Creo que eso tiene mucho que ver con la estabilidad política del país, la presencia de grandes maestros que están institucionalizados, dando clases en buenas escuelas, donde hay una cultura de evaluación. Eso en Brasil no existe. Creo que Chile realmente es motivo de envidia hoy en día, por toda una generación, con Luis Orlandini, Romilio Orellana, y tantos otros. Cada dos tres meses me llega un nuevo disco de un nuevo artista chileno y siempre quedo muy impresionado. Me parece que Luis Orlandini es un personaje fundamental, tal como lo fue Ernesto Quezada, quien fue el maestro de muchos de ellos”. 

En los guitarristas sucede algo que no pasa en otros instrumentos. Conocemos a grandes guitarristas que comenzaron a estudiar en la adolescencia, a diferencia de violinistas, por ejemplo, que no suelen convertirse en concertinos si no parten muy temprano. ¿Es la guitarra  un camino que permite reconocer a grandes talentos a pesar de que inicien tarde sus estudios?

“Creo que estás en lo cierto, y no entiendo por qué sucede. Me parece que para un niño que no tiene mucha familiaridad con la música clásica la guitarra es un instrumento muy obvio de elegir, porque es práctico, lo puede pagar, lo puede cantar y tocar al mismo tiempo. Creo que hay muchos niños que deben empezar a tocar la guitarra así, pero es un instrumento que todavía sufre mucho por la informalidad. Si tú vas a Alemania y Francia, normalmente quien va a tocar la guitarra, si no aprende con su hermano o hermana, va a una escuela de conservatorio, entonces hay una masa crítica de estudiantes que empiezan a los 7 u 8 años. Al paso que aquí mucha gente empieza a los 7, 8 años, pero muchas veces toca con la guitarra en la izquierda, y toca acordes por diez años antes de empezar a leer las notas. No sé en Chile, pero en Brasil, sería fantástico si tuviéramos un número mayor de escuelas públicas de música donde la enseñanza formal empezara más temprano, porque nos permitiría focalizar el talento antes. Aquí en Brasil, algunos de los mayores guitarristas son personas que empezaron a tocar con 12, 13, o 15 años. Cuando vemos a alguien que empezó a tocar con 7, 8 años, tenemos el Dúo Assad, tenemos al Dúo Abreu, a Carlos Barbosa- Lima; son todos guitarristas que tienen una visibilidad internacional estupenda. Entonces creo que realmente hace una diferencia formalizar los estudios”.

¿A qué edad empezó usted? 

“Mi papá tocaba en casa, y tocaba leyendo música, entonces empecé con él, a los 7 años. Pero la guitarra era muy larga, yo no podía tocarla. Los niños necesitan instrumentos adecuados. Entonces, la primera experiencia no fue muy positiva, pero después de un par de años, mi papá intentó enseñarme de nuevo, yo estaba más grande, y se hizo más fácil. Sin embargo, desde el primer momento me interesaba mucho más leer música que tocar. Y tocar por acordes es algo que vino después, con los amigos. Me acuerdo claramente que yo podía solfear antes de poder tocar la guitarra, me recuerdo de 8 años escribiendo mis propias composiciones sin tocar la guitarra. Mi padre era muy claro, eran 30 minutos de solfeo y recién después, la clase de guitarra”.

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