Gerardo Salazar: “La flauta y la percusión tienen un vínculo con el rito desde los inicios de la música”

19 de agosto de 2021


“De rituales y conjuros” se titula el programa que abordarán el percusionista Gerardo Salazar y el flautista Guillermo Lavado en un nuevo concierto que se transmitirá en vivo en directo el martes 24 de agosto, en la 57ª temporada de Música UC. Se interpretarán obras de Charles Koechlin, André Jolivet, Cort Lippe y Joan Moureau.

Además de profesores del Instituto de Música UC, el percusionista Gerardo Salazar y el flautista Guillermo Lavado son también solistas de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile. Y ahora se presentan en formato de dúo en la 57ª temporada de Música UC.

El concierto se realizará a las 19:00 horas del martes 24 de agosto en el Centro de Extensión Oriente y se transmitirá en vivo en Musica.uc.cl. El programa se titula “De rituales y conjuros” e incluye obras de Charles Koechlin, André Jolivet, Cort Lippe y Joan Moreau.

“La flauta y la percusión tienen un vínculo con el rito desde los inicios de la música”, destaca Gerardo Salazar, subdirector de Extensión del Instituto de Música UC. “Podemos afirmar que la primera música hecha por el hombre fue probablemente la percusión, con pies y manos; así se producía un ritmo. Sin embargo, el primer instrumento musical que se puede constatar en la historia de la humanidad fue una flauta fabricada a partir de huesos de animales”, agrega. 

Aun cuando el programa dará cuenta de sonoridades muy diversas, dos elementos le dan unidad, según indica el percusionista: el sentido ritual que tenían ya en los primeros pueblos la percusión y los instrumentos de viento, por una parte, y por otra, el que “todos los compositores que elegimos tienen relación con la escuela francesa, y ése es el principal hilo conductor”. 

Abrirá el concierto el propio profesor Salazar, con Música para tambor y computador (2007), de Cort Lippe (1953). “Él primero se formó en Norteamérica y luego tuvo una influencia muy fuerte de la escuela francesa, tomó clases y talleres con grandes compositores, como Olivier Messiaen y Pierre Boulez”, comenta. 

“Cort Lippe toma la resonancia de los distintos instrumentos en sus obras, y la modifica a través del computador. La particularidad que tiene esto es que esa resonancia es modificable según el intérprete que toque el instrumento, o sea, tú podrías escuchar esta misma obra con otro percusionista y el resultado sonoro va a ser otro. ¿Por qué? Porque el gesto, el movimiento y la velocidad de ese gesto es lo que permite que un golpe emita un tipo de sonido, el cual es recepcionado por un micrófono y transformado por el computador, para finalmente dar una resultante sonora”, explica Gerardo Salazar.

Al contar con procesamiento computacional en tiempo real, esta obra de Cort Lippe representa una novedad en el repertorio habitual de este instrumento de percusión. “Recordemos que el tambor es un instrumento de tradición militar y orquestal, entonces, al someterlo a la transformación en el computador produce una resultante sonora muy interesante y que depende mucho de la matización con la cual el intérprete le dé sentido al sonido sobre el tambor”, puntualiza el profesor de Música UC.

El programa continuará con una selección del ciclo de piezas para flauta sola Cantos de Nectario (1946), de Charles Koechlin, quien se inspiró en un personaje de la novela fantástica de Anatole France La rebelión de los ángeles. Sus títulos son evocadores: Sobre la muerte de un gato, Capricho de un fauno y Plegaria para sanar a un enfermo, entre otros.

A continuación volverá al escenario Gerardo Salazar para ofrecer el estreno en nuestro país de Arquitectura N° 3 (2013), de Joan Moreau (1964), que está escrita para multipercusión y timbales.  “Esta obra muestra cómo el ritmo en sí puede presentar distintas variantes. Esas variantes tienen que ver con los ritmos compuestos, es decir, las duraciones y los patrones rítmicos generados mediante la fusión de todas las voces de una textura musical, se van desarticulando. Eso da múltiples posibilidades de resultados”, detalla.

Esos múltiples resultados tienen que ver, sobre todo, con la manera en la cual se distribuyen los ritmos en el set de instrumentos de percusión para el que fue escrita la obra, conocido como multipercusión. La partitura de Joan Moreau, además, tiene un particular atractivo sonoro pues se combinan dos tipos de superficies, las metálicas y las membranas. Entre las primeras, indica Salazar, se incluyen cowbells -cencerros-, y platillos como el China y el splash. Destacan las timbaletas piccolo y tom-toms. “Y a eso, Moreau le agrega, además, un bombo que se maneja con el pedal. ¿Por qué? Porque marca un pulso constante, y sobre ese pulso estable se van desarrollando estas distintas variantes que van desplazándose sobre el set de instrumentos”, explica.

El primer movimiento, que es una courante, es para multipercusión, y el segundo, una allemande, para un set de cuatro timbales sinfónicos. Siempre, aclara el profesor, “con la misma conceptualidad de las variantes de los ritmos compuestos”.

El cierre del concierto será en formato de dúo y con una obra de André Jolivet (1905-1974). Guillermo Lavado y  Gerardo Salazar interpretarán Pipeaubec (1971). “Jolivet rescató en varias de sus obras, las raíces sonoras y estilos. En esta obra le da una sonoridad medieval al primer movimiento; en cambio, el segundo movimiento es de carácter danzante y pulsativo”, comenta el percusionista. La flauta, indica, se expresa con fuerza ritual y en diversos lenguajes. 

Se suma un multipercusión pequeño, con un templeblock -caja de madera- y un tambourine -especie de pandereta que popularmente se conoce como pandero-. “Jolivet mezcla estas dos sonoridades, grave una y aguda la otra, y una de resonancia con parche y sonajas, y la otra que es resonancia de madera, y todo eso lo combina con la flauta, que lleva la melodía. Ahí se produce una mixtura sonora muy interesante. Creemos que es un programa atípico, de variantes sonoras muy diversas y que pueden ser muy atractivas para el público”, explica el profesor Salazar.

“Dos versiones de la misma obra pueden ser disímiles, producto del sentido que uno le da a la respiración y al movimiento”

La invitación para el concierto del 24 de agosto, indica Gerardo Salazar, es “a vivenciar una experiencia artística a partir de la contemplación de las variadas resonancias. Tanto la flauta en sus distintas conformaciones, como también la multiplicidad de instrumentos de percusión de sonido indeterminado, van a producir una variante sonora atípica. Intensidades y colores variados, que a través del hilo conductor que son el rito y las obras escogidas de compositores que tuvieron formación francesa, mantendrán al público expectante”.

En su experiencia como percusionista, ¿está en general presente en la percusión una vocación casi biológica de latir?

“Sin duda. Pero hay que separar lo que es la pulsación y lo que es el pulso en sí. Si hablamos del pulso metronómico lo podemos clasificar como algo específico y medido en beat de tiempos, muy exactos. Distinto es cuando hablamos de pulsación, que tiene que ver, por ejemplo, con los latidos del corazón. Son pulsaciones distintas, y ahí está la diferencia entre la máquina y el ser humano. Y eso le da mucho sentido a lo que uno pueda considerar como pulso, desde el punto de vista interpretativo; ese pulso que está entre la máquina y la pulsación interna le da una cierta continuidad a lo que es la lógica de un intérprete al momento de abordar una obra”.

Es decir, ¿existe un equilibrio entre pulso y pulsación, y en la articulación de ambos está la clave de la expresión de un intérprete?

“Sin duda, yo creo que ahí está la clave de la expresión y obviamente es lo que motiva, en un discurso, diferenciar un intérprete de otro. Esa motivación da pie a las múltiples versiones que puede haber de una misma obra, producto de que el intérprete es un individuo distinto al otro. Eso le da vida, le da sentido y le da el carisma necesario para que ese intérprete pueda entregar un discurso musical según el entendimiento y la profundización que ha tenido de la obra”.

Se me viene a la mente el Bolero de Ravel, donde el percusionista es fundamental, y uno le asigna como auditor un rol también esencial al percusionista en lo que diferencia a una entrega de otra. Porque hay muchas diferencias.

“Claro, hay diferencias. La acústica, la temperatura, el tempo, son variantes que sobre un elenco pueden influir y perfectamente hacer diferencias que finalmente se traducen en versiones. Tiene que ver también con el sentido de pulso y la respiración. Por ejemplo, en un instrumento de vientos, debes soplar con distintas velocidades y emitir un sonido, lo mismo pasa cuando tienes que gesticular la mano a través de un movimiento para percutir en una superficie y que eso se determine como un sonido. Todas esas particularidades, marcan una gran diferencia, y por eso las versiones pueden ser muy disímiles unas de otras. Todos estos sentidos se relacionan con la direccionalidad que le hemos querido dar al programa ‘De rituales y conjuros’".

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