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Gonzalo Beltrán: “Aunque no es mucho lo que sobrevivió, la calidad de las composiciones de Erlebach es muy alta y el público podrá hacerse una idea de su trabajo vocal e instrumental”

24 de marzo de 2023


El violinista lidera el rescate, desde el olvido, de un compositor barroco cuyo enorme legado se perdió en un incendio hace tres siglos. Junto con otros dos profesores, un estudiante y un titulado del Instituto de Música UC, más un intérprete invitado, abordarán arias y piezas instrumentales de Philipp Heinrich Erlebach. También, una sonata de su contemporáneo, Johann Rosenmüller.

ACTUALIZACIÓN- 27-03-2023. La presentación del 29 de marzo se suspende por motivos de fuerza mayor. Hemos privilegiado la seguridad de los intérpretes y del público en una jornada que podría ser convulsionada. Agradecemos la comprensión de todos.

Sucedió en 1735. Un incendio arrasó con la biblioteca del Castillo de Heidecksburg, en la actual Turingia, en el centro de Alemania. Así desapareció la mayor parte del legado de un compositor particularmente prolífico, que ahora es rescatado en el XX Encuentro de Música Sacra UC: Philipp Heinrich Erlebach.

El profesor del Instituto de Música UC Gonzalo Beltrán lidera este rescate y diseñó el programa “Harmonische Freude”, que abordará junto a otros dos profesores, un estudiante, un exestudiante y un intérprete que se presentará en un concierto gratuitos. Será a las 19 horas; el martes 28 de marzo en el Templo Mayor UC (Jaime Guzmán 3.300), con inscripción aquí.

Además, el registro sonoro se emitirá en Radio Beethoven el domingo 2 de abril, a las 14 horas, en el espacio Temporada Música UC.

Rodrigo del Pozo, Luciano Taulis, Ismael Correa y Gonzalo Beltrán, algunos de los intérpretes que actúan en la tercera entrega del XX Encuentro de Música Sacra UC. Composición: Mary Paz Albornoz.

“Erlebach vivió a fines del siglo XVII en Alemania y fue un compositor muy reconocido en su época. Él trabajó 35 años en Rudolstadt y convirtió esta pequeña ciudad en un centro de actividad musical en su entorno, con una reputación que trascendió las fronteras del Estado. Escribió mucha música, más de 700 obras, entre sacras, oratorios, ópera y música instrumental”, comenta Gonzalo Beltrán.

“Lamentablemente, gran parte de esta música se perdió porque estaba almacenada en la biblioteca de la ciudad que sufrió un grave incendio. Creo que es por eso que él es un compositor más bien desconocido: lamentablemente no es mucha música la que nos queda hasta el día de hoy”, explica el violinista.

“En esta ocasión vamos a retomar algunas de estas obras que sobrevivieron; una pieza instrumental y una selección de uno de los libros de arias de Erlebach, el Harmonisches Freude, que le da el título al concierto”.

“La música de Erlebach no se programa comúnmente, pero es de muy buena factura, de un nivel artístico muy alto”, asegura el violinista Gonzalo Beltrán,profesor del Instituto de Música UC.

De Harmonische Freude Musicalisher Freunde, que podría traducirse como “alegría armoniosa para los amigos musicales”, se interpretarán seis arias. El subtítulo de la colección indica la temática de los textos: “Arias morales y políticas con su ritornello de acompañamiento”. Morales, en el sentido de edificantes, y políticas como seculares.

En su conjunto, estas arias de Erlebach representan una etapa en el desarrollo de la canción solista, y en ellas se ubica un hablante frente a un destino que siempre será más poderoso que su propia voluntad. Los títulos de las seis arias que se interpretarán son reveladores. Algunos ejemplos son “Tus pensamientos no me atormentan”, “No quiero condenar el amor”, “Besos halagadores, saludos hipócritas”.

Entonces, tenemos a un compositor que tuvo un rol relevante en su ciudad y que dejó un gran legado, que hemos perdido por una razón fortuita. ¿Qué los motivó a ustedes, como intérpretes y en lo personal, para hacer este rescate?

“Hay muchos compositores que quedan en el olvido, y eso sucede por distintas razones. En el caso de Erlebach, mucha de su música lamentablemente pasó al olvido por este incendio. Nos interesó ocuparnos en la música de Erlebach principalmente porque la calidad de sus composiciones es muy alta, además fue un compositor muy prolífico y muy reconocido en su época. Con el incendio, se perdió mucha de su música y no es mucho lo que sobrevive hasta el día de hoy. Nosotros tomamos algunas de estas obras sobrevivientes para entregarle al público una pequeña muestra de lo que sobrevivió de la música de este gran compositor”.

Camilo Brandi, clavecinista, organista y profesor del Instituto de Música UC.

A diferencia de las obras que están en el repertorio, que siempre se interpretan, de las que existen registros y grabaciones, y que además de la partitura hay una aproximación como auditor a ellas, en este ejercicio de rescate hay un esfuerzo significativamente distinto. ¿Existe detrás de la decisión de hacer este rescate una suerte de motivación justiciera? A juicio suyo, ¿es necesario hacer justicia a los compositores que han quedado en el olvido, pero cuya obra es valiosa?

“Creo que siempre hay una pequeña sensación de justicia en ese sentido, sobre todo en una situación como ésta, de un compositor que quedó relegado al olvido no por la calidad de sus obras, sino que por un hecho fortuito. Claro que no es la única motivación, también se busca salir un poco de lo típico, porque hay muchos grandes compositores que tienen abundante música sacra y que son los más interpretados; Bach, Haendel, Vivaldi, Telemann… Poder ofrecerle al público algo distinto, es siempre una buena motivación”.

Nuestro país tiene memoria histórica de desastres naturales, con tantos terremotos grandes, y también hemos tenido terribles incendios a lo largo del tiempo, partiendo por el de la iglesia de La Compañía, hasta ahora mismo, en varias regiones. Considerando eso, ¿cree que puede ser emocionante para el público ser parte, en estos conciertos, del rescate del legado de un compositor que justamente se olvidó por un hecho fortuito?

“Creo que somos un pueblo que entiende bastante de incendios, desde el de la Iglesia de la Compañía, hasta los recientes incendios que hemos tenido en el verano. Y en ese sentido, rescatar la música de un compositor cuya obra se perdió en gran parte debido a un incendio, tiene algo de esperanzador. A pesar de la tragedia, siempre hay algo que sobrevive y que lo podemos revivir incluso 300 años después. Es un rescate que vale la pena por este sentido de esperanza, pero no solamente por lo anecdótico, sino que porque es música que de verdad tiene una calidad artística muy alta. Eso es lo que hace que valga la pena escucharla. En este concierto vamos a presentar una variedad de obras, instrumentales y también vocales, que son arias para dos solistas. De esta manera, el público se va a poder hacer una idea general bastante buena de cómo era la obra de Erlebach”.

Gonzalo Beltrán (1981) empezó a hacer clases en el Instituto de Música UC en 2013 y enseña violín. También ha enseñado música de cámara y estuvo por años a cargo de la orquesta de cuerdas de la UC, que se conformaba por becarios, antes de la era de la gratuidad.

El violinista integra el Estudio MusicAntigua UC y el Cuarteto Académico UC, conjuntos estables del Instituto de Música UC, y tiene una muy activa participación en la temporada de conciertos: sólo en el último año ha actuado en 22 presentaciones, habiendo ejercido como concertino en los Conciertos de Semana Santa, de Navidad y de Aniversario de la Universidad Católica, así como en cuatro entregas del ciclo Bach Santiago. Tiene una evidente ductilidad: aunque tiene un fuerte foco en el Barroco –repertorio en el cual se especializó en Würzburg, Alemania, después de titularse como violinista en el Instituto de Música UC- Gonzalo Beltrán aborda prácticamente todos los repertorios, incluyendo estrenos de música contemporánea.

En los conciertos del martes 28 y miércoles 29 de marzo, incluirá la Trío Sonata Nº5 en Mi menor y las arias números 39, 26, 12, 14, 32 y 48 de Harmonische Freude Musicalischer Freunde (1697), colección de arias para voz, dos violines y bajo continuo de Philipp Heinrich Erlebach (1657-1714). El programa se completa con Sonata Prima à 2, de Johann Rosenmüller (1619-1684).

Rodrigo del Pozo, tenor y profesor del Instituto de Música UC. Foto: Gonzalo Beltrán.

Actuarán los profesores del Instituto de Música UC Rodrigo del Pozo, tenor, Gonzalo Beltrán, en violín, y Camilo Brandi, en clavecín, junto con el bajo Ismael Correa, alumno de Del Pozo, y el violinista Rodrigo Aros, exalumno de Beltrán titulado en 2019, además del violagambista invitado Luciano Taulis, académico del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado.

“Erlebach compuso más de 300 obras de música sacra, pero los textos de las arias que interpretaremos, en particular, tienen un acercamiento mucho más humano a las temáticas, y eso lo hace también novedoso dentro del Encuentro de Música Sacra”, destaca el profesor Gonzalo Beltrán. “Son textos que no provienen de la liturgia o de la Biblia, sino que son más bien reflexiones muy humanas sobre esa temáticas. Hay exclamaciones a lo divino, pero la resolución de los problemas, por así decirlo, sucede en la esfera de lo humano”, agrega.

¿Por qué contrapondrán las obras de Erlebach con una pieza instrumental de Johann Rosenmüller, quien también es una figura relevante en la historia de la música, no sólo por su legado, sino que por lo influyente que fue en vida?.

“Uno siempre busca a compositores que sean afines y que también le den una cierta variedad al programa. Entonces, como de Erlebach estamos usando arias del libro Harmonisches Freude y una de las piezas instrumentales que se pudo rescatar de su repertorio, para seguir con este contraste de piezas vocales y piezas instrumentales decidimos agregar otra pieza instrumental más y elegimos a Rosenmüller, que es un compositor más o menos de la misma época y de un estilo afín”.

Ismael Correa, bajo. Estudiante del Instituto de Música UC, se forma con el profesor Rodrigo del Pozo.

Aunque se interpreta más que a Erlebach, tampoco Rosenmüller es un compositor que se interprete tanto, ¿no?

“Si hablamos de música barroca, casi siempre uno se acuerda de los compositores del Barroco tardío, como Bach, Haendel, Vivaldi, Telemann, los que se conocen un poco más. Pero había una época previa que también fue muy rica en compositores, pero que no suele ser tan ejecutada, sobre todo por intérpretes modernos. Aunque las orquestas modernas sí interpretan Bach, rara vez van a entrar en repertorio previo al 1750 o al 1720. Para encontrar conciertos en los que se programen estos compositores hay que ir a conjuntos que se especialicen en la interpretación de música antigua”.

A su juicio, ¿por qué sucede eso? ¿Es un asunto de la práctica musical actual?

“Creo que hay distintas razones. Por una parte, este repertorio fue rescatado por los conjuntos que se comenzaron a dedicar a la música antigua por los años 70 y 80. Por otra parte, en esa época empezó una especie de división entre quiénes tenían autoridad, por decirlo así, para interpretar en el estilo ese repertorio y quiénes no, entonces muchas orquestas e intérpretes modernos empezaron a evitar tocar ese repertorio para no entrar en conflicto. Se produjo naturalmente una separación de aguas. Me da la impresión de que esa frontera se ha ido disolviendo y creo que es, en parte, porque ya la mayoría de los músicos hoy tiene una cierta noción de interpretación en estilo. Además, ya no está esta idea de que la música antigua sólo se tiene que interpretar desde un punto de vista auténtico, sino que hay distintas opciones que uno puede ir tomando; uno puede decidir cuáles elementos de la interpretación históricamente informada toma, y cuáles no. Hay más flexibilidad en parte de los conjuntos especializados y esta flexibilización ha dado pie a que los intérpretes de música antigua ya no tengan el monopolio sobre estas obras. Sin embargo, se sigue manteniendo esta tradición de que éste es un tipo de repertorio que por lo general no es tan abordado por las orquestas modernas”.

Luciano Taulis, violagambista y profesor del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado.

Hablamos de Barroco como si fuera una sola cosa, pero la verdad es que entre el Barroco temprano y el tardío no sólo sucedió mucho tiempo, sino que hay toda una evolución, se desarrollaron distintos lenguajes, etcétera. Es un universo muy grande el Barroco, y dentro de él hay muchos pequeños barrocos, de alguna manera, ¿no?

“Sí. Creo que hay dos diferencias. Una es temporal; cuando se habla de Barroco uno se refiere, grosso modo, desde el 1600 hasta el 1750, y durante ese tiempo los estilos fueron variando bastante. Desde Monteverdi, por ejemplo, con el comienzo de la ópera, hasta Bach o Haendel hay una gran diferencia en cuanto al tratamiento de la armonía y del contrapunto. También están las diferencias regionales; lo que estaban haciendo los compositores en Alemania se diferenciaba bastante con lo se hacía en Francia o Italia. Es cierto, hay muchos barrocos dentro del Barroco”.

¿Qué le gustaría decir sobre los intérpretes con los cuales están trabajando para los conciertos del 28 y 29 de marzo?

“En el medio siempre hay muchos buenos músicos con los que es agradable trabajar, pero es inevitable que haya más empatías con algunos que con otros. Me alegra decir que en este grupo hay una manera muy natural de empatizar y de hacer música juntos. Con Rodrigo del Pozo hemos trabajado en muchos programas, y también con su alumno, Ismael Correa. Con Camilo Brandi tocamos siempre en el Estudio MusicAntigua UC, con Luciano Taulis hemos hecho muchos conciertos en distintas partes afuera del Instituto de Música UC, y Rodrigo Aros, que fue alumno mío, se tituló en 2019 y está estudiando hace años en Alemania, así que ya es un colega”.

Rodrigo Aros, violinista titulado en 2019 en el Instituto de Música UC. Fue alumno del profesor Gonzalo Beltrán. Foto: Andrés CC.

¿Es interesante para usted actuar con estudiantes suyos y de otros profesores? ¿Cómo fue la experiencia de esa misma práctica para usted cuando estaba estudiando?

“En cualquier rubro es súper importante la práctica. Hay muchas cosas que se aprenden en la clase más bien de manera teórica, pero que uno no las internaliza completamente hasta que las pone en práctica en situaciones reales, como son los conciertos, con otros profesionales. Para mí, como alumno, al menos, fue súper importante tocar con profesores; es de las instancias donde más se aprende. O sea, un concierto que uno toque con profesores equivale como a un semestre de clases en cuanto a aprendizaje. Desde el otro lado, ahora que me toca vivirlo como profesor, es siempre enriquecedor, porque uno ve a los alumnos en esa otra faceta de colega con el que uno tiene que trabajar; es decir, escuchar y seguir en muchas ocasiones para hacer música de cámara”.

Siempre se aprende de los otros en la práctica de concierto, tengan o no más experiencia, dado que es una forma de diálogo, ¿no?

“Sí. Además que todos los músicos profesionales y estudiantes tienen distintas fortalezas y aportan con ellas al concierto. Hay alumnos que puede que no hayan tocado tantas veces en conciertos profesionales, pero es increíble el talento natural que tienen muchos para conectarse con otros músicos y eso también es súper enriquecedor para uno también”

 

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