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Herwig Zack: profesor visitante: “Para ser un intérprete respetable, la música de cámara es esencial”

17 de septiembre de 2021


El violinista alemán dictará clases magistrales desde el 20 al 25 de septiembre como parte de la Escuela Internacional de Profesores Visitantes del Instituto de Música UC. Aquí adelanta las claves de su método pedagógico, que llama “enseñanza de autopista” y enfatiza la relevancia de que cada estudiante desarrolle su propia concepción musical de una pieza, y del dominio estilístico.

Es profesor de violín y de música de cámara en la Escuela Superior de Música de Würzburg, en Baviera, hace 27 años. En paralelo, el violinista alemán Herwig Zack ha desarrollado una activa carrera como intérprete y producido una abundante discografía, con muy buena crítica. Spiegel elogió su "empatía musical aparentemente infinita" y The Strad lo calificó como "un maestro consolidado”.

Desde el 20 al 25 de septiembre, Herwig Zack ofrecerá clases magistrales de violín en forma remota, como parte de la Escuela Internacional de Profesores Visitantes del Instituto de Música UC. Inscripciones aquí. “Chile es un país fascinante en todos los aspectos; los paisajes y la gente”, dice. Será la cuarta vez que participe en este programa. Rápidamente hace un recuento de algunos violinistas chilenos que han estudiado con él, partiendo por el profesor de Música UC Gonzalo Beltrán – “fue uno de los estudiantes que conocí la última vez que fui a Chile; tenía 15 años”-; Helmuth Reichel –“un muy buen violinista que ahora es director”- y Marisol Infante Soto –“miembro de la Orquesta de Cámara de Chile”.

Tras iniciar sus estudios en Alemania, decidió completarlos con Josef Gingold, en la Universidad de Indiana, en Bloomington. ¿Qué es lo más relevante que aprendió con él?

“Josef Gingold era muy impresionante como ser humano. Su sistema de enseñanza era completamente diferente de aquello a lo que yo estaba acostumbrado. Mis profesores anteriores se concentraban en que uno lograse cada pequeño detalle, y la concepción musical debía ser la que ellos aprobaban. Ese era el sistema de Edith Peinemann, que fue muy importante para mí como profesora, y así fueron las lecciones con Max Rostal. Tú, como estudiante, no le discutías a Karl-Albrecht Herrmann o Max Rostal, sino que trabajabas algunos meses en una pieza hasta que ibas al grano. Gran parte de mi forma de enseñar lo tomé de estos profesores: voy al grano, comparto con el insistente cuidado de cada detalle, que todo funcione exactamente como el compositor lo ha escrito”.

De Josef Gingold, en tanto, replica otro aspecto pedagógico. “También les ofrezco a mis estudiantes un espacio para discutir qué significa lo que estamos haciendo. Gingold quería que tuvieras tu propia concepción musical y que una vez que tuvieras una pieza técnicamente resuelta, mostraras tu convencimiento. Entonces teníamos discusiones muy inspiradoras respecto de detalles como el sonido y el fraseo. Una de las primeras lecciones que me enseñó fue que me mantuviera firme en lo que estaba haciendo: era mi concepción personal, yo era responsable de eso. Además de haber aprendido de él su concepción sonora tan particular, él me enseñó a tomar conciencia, a preguntarme sobre mis concepciones musicales, qué significa cada pieza para mí. Cuanto tocaba, tenía un sonido tan maravilloso que era tentador copiarlo. Pero con su sistema, lo que yo hacía era mi propio Bach, mi propio Mozart, mi propio Brahms, y hay una gran diferencia cuando la concepción musical te la han impuesto”, detalla.

Herwig Zack también reconoce una profunda influencia del violonchelista János Starker y György Sebők, pianista con quien estudió música de cámara. “No somos el producto de un solo profesor. Por supuesto que hay obras que no podría haber estudiado adecuadamente con el señor Gingold, si no hubiera tenido una educación sistemática como la que tuve antes”, indica.

Su método educativo, Herwig Zack lo llama “enseñanza de autopista”, en referencia a las carreteras de ocho pistas. “A los estudiantes los dejo elegir entre esos ocho carriles, pero les aclaro que cuando se salgan de la pista y conduzcan sobre el pasto, ya no tendrán otra vuelta. Es una comparación drástica. Los animo para que desarrollen su propia personalidad; no quiero que mis alumnos sean fotocopias de mí. Por ejemplo, les enseño mis digitaciones, pero les aclaro que no son obligatorias. Lo importante es que funcione musical y violinísticamente”, explica.

“Los animo para que me muestren cómo creen que debe ser una pieza. No importa que sea distinta de mi mirada, sino que sea genuino y original para ellos, porque ahí están sus propias vida y personalidad musicales. Me aseguro de que el sonido sea sólido, de que el ritmo esté bien, de que la entonación esté bien y de que la música sea encantadora; para eso, por cierto, hablamos de colores y de sonido. Pero siempre les pido que me explique por qué quieren hacerlo de una manera diferente, para que piensen en lo que están haciendo. Eso es lo que comparto con Gingold”, detalla.

¿Cómo toma el desafío de hacer clases magistrales en forma remota, como lo hará en la Escuela Internacional de Profesores Visitantes del Instituto de Música UC?

“Hacerlo en forma remota es muy difícil; desafortunadamente, por la pandemia no hay otra manera. La enseñanza online tiene sus límites. Por ejemplo, una de las cosas más importantes para los músicos es lidiar con el sonido, y los programas de conexión en línea igualan los diferentes niveles de sonido. De esta manera, gran parte del fraseo y del sonido mismo, no se distingue. Podemos hablar de concepciones musicales, la entonación y el ritmo, de ciertos aspectos técnicos e interpretación. Sin embargo, el verdadero tema, que es el sonido, no puede producirse en línea de la misma manera que en vivo. De todas formas, es una valiosa oportunidad para llegar a más estudiantes, y dar algunos consejos e ideas sobre el desarrollo del sonido. Mi sistema de enseñanza se centra en la música misma, en partir observando la música en la partitura, de manera que tienes una vaga idea de qué es esto, y esa vaga concepción irá cambiando durante el proceso de estudio, cuando empiezas a trabajar con la digitación y el arqueo. No se trata de los dedos, sino de comprender una idea musical que luego intentamos materializar, en la medida de lo posible. Nunca lo lograremos en un cien por ciento, pero sonará mucho mejor cuando tengamos una concepción clara”, indica.

Después de haber estudiado en la Universidad de Indiana, en 1980 Herwig Zack fue nombrado assistant instructor en ese conservatorio, que entonces dirigía el célebre compositor chileno Juan Orrego-Salas, fundador además del Latin American Music Center en Bloomington. “Recuerdo haberme reunido con él un par de veces y era un completo caballero, una figura distinguida, cultivada. Se expresaba perfectamente, era muy interesante, y un gran compositor”, destaca el violinista.

Usted siempre ha tenido una intensa actividad como intérprete, en paralelo a la docencia. ¿Cree que es importante, en la interpretación musical, enseñar desde la experiencia real?

“Creo que la actividad como intérprete es absolutamente esencial, porque cambia tu forma de pensar. Al mismo tiempo, si dejas de tocar, ya no comprenderás bien qué es estar en el escenario y no serás capaz de servir a tus estudiantes”.

Usted fue konzertmeister de la Stuttgart Chamber Orchestra entre 1982 y 1995, y siempre ha combinado la actuación solista con la música de cámara. ¿Cuán distintas son estas dos prácticas? ¿Se enriquecen mutuamente?

“Siempre he creído que es muy importante, casi diría obligatorio, que el solista sea un muy buen músico de cámara al mismo tiempo. Ayuda si tienes experiencia tocando como konzertmeister, es decir, liderando una orquesta de cámara sin un director, y también ayuda el trabajar con buenos conductores desde esa posición. Eso te introduce aun más en la partitura, en qué sucede en los otros instrumentos. Me parece que hoy en día es una cualidad esencial en un solista; ya terminó la época en que el solista conocía su parte, los demás se sentaban a tocar con él, y punto; hoy en día es una simbiosis. Para ser un intérprete respetable, la música de cámara es esencial y no sólo porque aprendes a ser parte de un todo, sino también por el repertorio. Algunas de las obras musicales más maravillosas fueron compuestas para ensamble de cámara: el Quinteto de cuerdas de Schubert, los Cuartetos de cuerdas de Beethoven, Verklärte Nacht, de Schoenberg, los Cuartetos de cuerdas de Bartók, el Sexteto de Brahms. Sencillamente no serías un músico completo si no vives esa experiencia”.

Herwig Zack también destaca que el dominio de un amplio repertorio es clave para todo violinista: “Actualmente, se espera que tú tengas experiencia en todos los estilos”. Esto incluye la música nueva y sus propias técnicas, así como la música barroca. “Todo esto es parte de ser un músico moderno; debes tener conocimiento y práctica en la música barroca. Y enseñarles eso no es fácil a los estudiantes hoy en día, pues tenemos tres tipos de acercamiento. Están los tradicionalistas, que tocan a Bach de la misma manera como aprendieron a tocarlo, para ellos prácticamente nada ha cambiado desde Henryk Szeryng y Arthur Grumiaux, quienes fueron grandes figuras, pero hace 60 años. Por otro lado, están aquellos que llamo ‘talibanes barrocos’ y que tienen muchas prohibiciones; yo no puedo seguir esta línea sencillamente porque no hay estabilidad rítmica. Existe, además un campo intermedio que considera distintos arcos y tempi para diferentes instrumentos y audiencias. Considero que cierta libertad improvisatoria es necesaria ocasionalmente, al igual que el uso de un vibrato, el cual ciertamente sería distinto del vibrato en Tchaikovsky. Para mí, la articulación es un punto central en la música barroca. En este campo se ubican los violinistas Janine Jansen, Christian Tetzlaff, Kolja Lessing, Benjamin Schmid, Tobias Feldman, y también yo. Podremos tener una interesante discusión estilística cuando algún estudiante toque música barroca en la Universidad Católica”.

Considerando la creciente presión que impone a los jóvenes violinistas un mundo cada vez más competitivo, ¿qué consejo les daría para que encuentren su lugar en la música a través de una práctica honesta como artistas?

“Tienes una situación donde el nivel de los músicos profesionales ha subido drásticamente en los últimos 30 años. Son mejores porque han tenido una mejor enseñanza. Sin embargo, yo no diría que entre los solistas de primerísimo nivel o a nivel de concertino haya más figuras que en el pasado, de hecho, quizás haya menos porque tenemos menos libertad musical que antes. Yo sigo adorando los Conciertos de Mozart con Arthur Grumeaux, aunque no toque todas las notas que Mozart escribió; pues él captura en forma increíble el sentido de esa música. Sin embargo, si hoy alguien tocara así en un concurso, el jurado lo freiría. Actualmente tenemos más reglas. En la radio ya no puedes distinguir quién toca el Concierto de Mendelssohn, existen 60 violinistas que tienen el mismo tipo de sonido. Cuando escucho, en cambio, el Concierto de Mendelssohn por Oistrakh o Heifetz, con sólo tres notas puedo distinguir quién lo está tocando. Antes la individualidad estaba menos restringida”.

Con la pandemia, los conciertos de Herwig Zack fueron cancelados o pospuestos, incluyendo una gira por el Año Beethoven en Japón ahora programada para mayo de 2022. “He dado conciertos desde los 11 años, y en estos 55 años nunca había vivido una experiencia como ésta, de que no haya casi nada. Lo que pude hacer fue completar un CD que había dejado pendiente porque fui profesor invitado por un año en la Universidad de las Artes de Tokio”, revela.

 

Este disco solista se titula The French Connection e incluye obras de Johann Sebastian Bach, Eugène Ysaÿe, Arthur Honegger, George Philipp Telemann, Henri Vieuxtemps y Jean Martinon, además del arreglo de Igor Stravinsky de La Marsellesa. Lo distribuye Bella Musica, ver aquí. “Fue mi plan B cuando se cancelaron las clases magistrales y festivales. No quise hacer nada en live streaming, porque toma mucho tiempo y no es lo mismo. Este año, gracias a Dios, volví a tocar, en junio, con mi hermano pianista, Bernd Zack. Fue muy especial volver a tocar frente a la gente”, cierra.

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