Marcio Carneiro, profesor visitante: “Chile tiene una gran escuela de chelo”

15 de abril de 2021


El virtuoso intérprete y pedagogo brasilero recuerda la gran sorpresa que se llevó la primera vez que vino a dar clases a la UC, en los años 90, por el excelente nivel de los profesores y estudiantes de violonchelo. Ahora, a fines de abril, Marcio Carneiro dictará una clase magistral, como parte de la Escuela Internacional de Profesores Visitantes del Instituto de Música UC.
marcio carneiro

photo_camera “Tengo hasta hoy en la memoria lo que escuché en las clases magistrales a las que fui como alumno”, dice Marcio Carneiro, quien dará una clase magistral desde el 26 de abril en el Instituto de Música UC.

Tiene más de 30 años de experiencia docente, en instituciones tan relevantes como la Escuela Superior de Música de Detmold, en Alemania, y la Academia Tibor Varga, en Suiza. Y ahora Marcio Carneiro vuelve a Chile para trabajar en la Escuela Internacional de Profesores Visitantes (EIPV) del Instituto de Música UC.

Desde el 26 de abril y hasta el 1 de mayo, el violonchelista brasilero-suizo dictará una clase magistral, que es abierta para alumnos de la Universidad Católica y otras casas de estudio. Las inscripciones son hasta el 23 de abril y se realizan aquí.

“Siempre es un gran placer volver a la Universidad Católica”, comenta Marcio Carneiro al teléfono desde Suiza, donde reside. “Es un país que amo muchísimo. Para mí es siempre un placer retornar a la Universidad Católica donde estuve por varios años consecutivos en los años 90, dando master class, cuando el director del Instituto de Música era el señor Jaime Donoso”, agrega el violonchelista carioca.

Ganador del concurso Tchaikovsky de Moscú en 1978, Carneiro ha desarrollado una intensa carrera como solista, y ha actuado con orquestas y en formato de recital, en Europa, América, Japón y Corea, en paralelo a su labor formando a las nuevas generaciones.

Una mirada nueva sobre el quehacer de cada músico

La Escuela Internacional de Profesores Visitantes, explica Karina Fischer, directora del Instituto de Música UC, es un programa que se inicia en los años 90. “Es una actividad académica y formativa en la que tenemos la posibilidad de recibir visitas de destacados maestros internacionales en las diferentes especialidades que impartimos en el IMUC”, apunta.

Para 2021, cuenta, se contemplan diez profesores en este programa, cuyas actividades se sumarán a otras clases magistrales que se vayan concretando. “Son nuestros propios académicos y las cátedras quienes realizan las propuestas, y éstas se van articulando anualmente. Es muy importante para nosotros darle cabida a la mayor cantidad y diversidad de visitas, así como cuidar que todas las áreas reciban apoyo”, explica Fischer.

La clase magistral de estos profesores en general se desarrolla a lo largo de toda una semana, con clases para los jóvenes instrumentistas, talleres de creación y de revisión de partituras o de investigación, según cada cátedra. Pero, además, como indica la directora del Instituto de Música UC, en los últimos años “los mismos profesores hemos ido tomando ese espacio para hacer una revisión curricular, conversar sobre docencia y sobre nuevas metodologías en la enseñanza. Es una semana muy intensa en donde se comparte y profundiza en el área disciplinar”.

Dado que los profesores visitantes son personalidades relevantes en sus respectivos campos, no sólo reúnen a los músicos o investigadores de esa misma área a nivel nacional, sino también atraen alumnos de otros países de la región. “Se genera una comunidad en torno a personas que estudiamos e investigamos sobre un área específica y el hecho de abocarnos a eso durante un tiempo determinado nos permite acercarnos y compartir con referentes internacionales que nos ayudan en nuestra propia mirada de nuestro quehacer”, comenta Karina Fischer.

“La primera vez que vine a la Católica me sorprendió encontrar un polo extraordinario del chelo”

Marcio Carneiro, el profesor invitado del Instituto de Música UC para fines de abril, es enfático. “Una de las nostalgias grandes que tengo con esto del Covid es de ir a Chile”, dice el violonchelista desde Suiza. Las razones son dos: el nivel de excelencia que descubrió en la escena del chelo en nuestro país, y la calidad humana de los alumnos y profesores con quienes ha interactuado en sus múltiples visitas.

 

La primera vez que vino, fue en los años 80, como parte de una gira que organizó el Goethe Institut. “En los años 70, había conocido a Jaime Donoso, quien estudiaba dirección de orquesta en la misma universidad alemana donde yo estudiaba chelo, y en los años 90, cuando él era director del Instituto de Música UC, me invitó a dar una master class en la UC. Acepté con enorme placer y vine varios años seguidos, toqué bajo la dirección de Fernando Rosas, una grandísima personalidad del medio musical chileno, que tuve el honor de conocer”, recuerda Marcio Carneiro.

“La primera vez que vine, me llevé una sorpresa enorme al encontrar en la Universidad Católica un polo de chelo con tres clases extraordinarias de los maestros Jorge Román, Edgar Fischer y Roberto González. Y también participé en la Universidad de Chile, donde había otra clase igualmente extraordinaria. Santiago era una explosión de chelistas de gran nivel”.

Asegura que fue todo un descubrimiento: “Intuitivamente, uno no se imaginaría un centro violonchelístico así en Sudamérica”. Pero conocía la raíz del fenómeno: «

Maurice Maréchal, uno de los grandes profesores franceses del siglo XX, había formado a estudiantes chilenos que después transmitieron su pedagogía en Chile. Esta es la razón de por qué Chile tenía una gran escuela de chelo, no sólo en calidad, sino también en cantidad de gente, porque de repente yo estaba frente a 45 o 50 chelistas muy buenos. Fue una sorpresa agradabilísima”, relata.

Destaca, además, que junto a esta “calidad chelística estaba el lado humano. Todos los maestros en la Universidad Católica me recibieron con grandísima simpatía, inmediatamente me sentí parte de la familia de los chelos en Santiago”.

Después, ya en la década pasada, ha vuelto a venir al país para dar clases magistrales, en las universidades de Talca, Austral y Católica, así como para la FOJI, en los años 2017, 2018 y 2019. “Recuerdo que la chelista Gabriela Olivares, quien también enseña en la Católica, hizo una barbecue un domingo en el jardín de su casa y estaban prácticamente todos los chelistas con quienes yo había trabajado 20 años antes y que habían sido alumnos de los maestros Román, Fischer y González. Todos tenían mucho éxito profesional, como maestros y como integrantes de orquestas. Fue muy emocionante. Soy testigo del enorme agradecimiento que tienen las distintas generaciones con sus maestros en Chile”, agrega Marcio Carneiro.

El intérprete carioca también destaca el buen nivel de los profesores actuales de violonchelo del Instituto de Música UC. Al profesor anfitrión de esta visita, Alejandro Tagle, lo define como “un chelista muy bravo y con una excepcional dedicación a la pedagogía”, a Martin Osten, como “un gran violonchelista y maestro”, y a Celso López, como “uno de los más talentosos chelistas que he conocido”.

“Tengo hasta hoy en la memoria lo que escuché en las clases magistrales a las que fui como alumno”

Mario Carneiro también entrega algunas apreciaciones clave sobre la formación de un intérprete musical. Primero, la edad de inicio. El mejor de los casos, indica, es empezar a los cinco años de edad. “Normalmente, cuanto más temprano, mejor. No es como estudiar ingeniería o derecho; no se puede pensar por primera vez en tocar chelo al final de la escuela, con 16 o 17 años, eso es imposible. La música es como un idioma, cuanto más temprano uno empieza el desarrollo de la técnica instrumental, este idioma será más nativo”, explica.

Segundo, la perseverancia: “Otra cosa fundamental es algo que decimos como chiste, pero es la verdad: para hacer música uno necesita un 5% de talento y un 95% de trabajo arduo”.

Tercero, la elección de un buen profesor, tanto para la fase fundamental, que va de los 11 a los 16 años, como para la enseñanza superior. “Un buen maestro va a desarrollar en un nivel profesional todo lo que fue aprendido en la adolescencia. Esto no es menor; hay personas que hablan incluso de reestructuración de la técnica, es decir, prácticamente volver a empezar, como una casa vieja que uno restaura, a veces es más complicado que construir una casa nueva”, explica.

Agrega que “por todo esto, es muy importante la elección del profesor, uno tiene que llevarse bien con él porque no solamente va a formar a este joven técnica y musicalmente, sino también lo va a formar como persona. Es un contacto muy directo, la clase misma siempre es particular, es un alumno y un profesor. El maestro superior instrumental influye también mucho en la formación humana del alumno, dentro de un estudio que para nada es fácil. Hay desmotivación, porque es difícil, el alumno está buscando una cosa que es difícil de encontrar, es siempre un trabajo muy lento, el éxito no viene dos días después”.

¿Qué es lo más importante para que una clase magistral rinda frutos?

“Si se tiene dos semanas, como me sucede cuando me invitan a Corea, da el tiempo suficiente para que el profesor conozca más al alumno y sus posibilidades. Ahora, como tengo una cierta experiencia, aunque no conozca al alumno, ya en la primera clase empiezo a ver muchas cosas, y todo fluye bien en una semana. Un buen profesor de master class tiene que también sentir de qué manera el profesor de este alumno trabaja con él regularmente, y no contradecirlo, para no confundir al alumno. Por el contrario, para un alumno que está en estudios superiores una master class es la confirmación, por parte de otra persona, de la educación que recibe todas las semanas. Es decir, es escuchar lo mismo, pero con otras palabras. Esto le da al alumno una cierta seguridad de estar en el buen camino. Y, claro, también hay ideas nuevas que pueden abrir un poco el horizonte, perspectivas que le pueden dar al alumno un foco en algo que hasta entonces no había pensado muy seriamente. Lo importante es que el profesor de la master class sea un complemento del profesor de todas las semanas. No puede provocar una discordia”.

¿Puede hablarnos de algunas clases magistrales de maestros que fueron relevantes para usted en su juventud y explicarnos por qué es una experiencia importante para las generaciones más jóvenes?

“En mi caso, que empecé el chelo con cinco años, tuve la suerte de tener, entre los cinco y los doce años, una profesora que era un genio pedagógico, desarrollaba un amor por la música y por instrumento enorme en los chicos. Después en el conservatorio tuve un profesor muy bueno, pero muy serio, y luego tuve la suerte de venir a Europa a trabajar con quien tal vez sea el mayor pedagogo del chelo de la segunda mitad del siglo XX: André Navarra. Entonces los 12 y los 19 años tuve la suerte de escuchar master classes de algunos de los más grandes maestros de la época, como Mstislav Rostropovich, Paul Tortelier y Antonio Janigro. Esto me marcó muchísimo, lo que yo escuché entre los 12 y los 18 años lo tengo en la memoria hasta hoy”.

15-04-2021 Información periodística: Romina de la Sotta Donoso | Extensión Instituto de Música UC

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