María Gabriela Olivares: “Haremos viajar a los auditores por Europa Central y Europa del Este con obras que portan magia”

5 de mayo de 2022


La violonchelista y profesora de Música UC diseñó el programa “Arcos que sueñan y vuelan” y será parte del ensamble de cuerdas que abordará el Octeto Op. 20 de Mendelssohn-Bartholdy y una transcripción de las Danzas Folclóricas Rumanas de Bartók el martes 10 de mayo en el Centro de Extensión Oriente. Tres mujeres lideran la propuesta: las concertinos serán las académicas Frida Ansaldi y Tiffany Tieu.

photo_camera María Gabriela Olivares, violonchelista. Foto: Gonzalo Beltrán.

Tres mujeres lideran una nueva propuesta que se estrena en la 58ª Temporada de Cámara del Instituto de Música UC. Un ensamble de arcos abordará el famoso Octeto Op.20 de Felix Mendelssohn-Bartholdy y una transcripción para septeto de las Danzas Folclóricas Rumanas de Béla Bartók.

El programa se titula “Arcos que sueñan y vuelan” y fue diseñado por la profesora de Música UC María Gabriela Olivares, violonchelista e integrante de la Orquesta Clásica Usach. Otras dos académicas del Instituto de Música UC ejercen roles centrales: las violinistas Frida Ansaldi y Tiffany Tieu actuarán como concertinos.

El concierto se estrenará el martes 10 de mayo, a las 19 horas, en el Auditorio del Centro de Extensión Oriente (Jaime Guzmán 3.300), con inscripción gratuita aquí. El aforo será de 240 personas, y además se transmitirá en vivo en Musica.uc.cl. El concierto de repetición será a las 19 horas, el 11 de mayo, en la Parroquia de la Anunciación (Pedro de Valdivia 1850).

María Gabriela Olivares, violonchelista. Foto: Música UC.

María Gabriela Olivares comenta que tuvo dos motivaciones principales. “Ya en la época en que yo era estudiante, en la Universidad Católica había una temporada muy completa y culturalmente muy enriquecedora para toda la comunidad. Ése es un gran estímulo”, explica.  “La pandemia me tocó muy fuertemente en el sentido de hacer música de manera comunitaria. El convocar a amigos músicos, colegas de la UC ahora tiene otro sentido; todos se mostraron súper entusiasmados, ilusionados y emocionados”, agrega. Por otro lado, indica, la presencialidad “reafirma que nuestra misión como músicos va mucho más allá de tocar bien nuestros instrumentos; tiene que ver con producir un movimiento energético y emotivo”.

“Bartók pone en valor de manera magistral estas melodías folclóricas de Transilvania; las embellece y las engrandece”

El concierto abrirá con las Danzas Folclóricas Rumanas (1917) de Béla Bartók (1881- 1945), en una transcripción de Arthur Willner. “Se vinculan con el Octeto de Mendelssohn por el genio de los dos compositores y por la energía de estas músicas que verdaderamente portan magia. Haremos viajar a los auditores por Europa Central y Europa del Este en una conformación de mini orquesta de cuerdas”, comenta María Gabriela Olivares.

El célebre compositor húngaro Béla Bartók (1881-1945) logró consolidar un lenguaje propio y distintivo, bebiendo de las más importantes innovaciones de figuras como Richard Strauss, Franz Liszt, Johannes Brahms, Claude Debussy, Igor Stravinsky y Arnold Schoenberg.

Bartók, además, fue el pionero de la etnomusicología. Estudió profundamente, y en terreno, una gran diversidad de músicas de tradición oral en el Este de Europa, grabándolas e incorporándolas en nuevas composiciones que conjugan su propio lenguaje con elementos rítmicos, melódicos y tímbricos del folclor. Entre 1909 y 1914, Bartók realizó una serie de viajes por toda Transilvania para recopilar músicas locales de particular riqueza sonora. En 1915, escribió la suite Danzas Folclóricas Rumanas: preservó las tonalidades y la rítmica de las melodías populares, y desplegó un rico lenguaje armónico como acompañamiento, ejercitando una notable libertad en los tempi.

¿Las Danzas Rumanas son una representación del folclor o son una obra que vincula profundamente el folclor de Transilvania con el lenguaje propio de Béla Bartók, en una simbiosis?

“Es lo que tú apuntas al final, y eso es lo más hermoso. Bartók no se queda en ir a hacer una recopilación, sino que pone su sello. Es impresionante cómo trata cada melodía con armonías distintas, y cómo las va variando. Él aporta desde su mundo, desde su formación y desde su personalidad, pone en valor de manera magistral estas melodías folclóricas de Transilvania; las embellece y las engrandece”. Destaca igualmente el “carácter rapsódico” de la obra de Bartók y que en ella “el violín se explaya”.

Tiffany Tieu, violinista. Foto: Música UC.

En las Danzas Rumanas, la concertino será la profesora Tiffany Tieu. Explica que abordarán la obra en la formación de cuatro violines, una viola, un chelo y un contrabajo. Además de Tieu, actuarán los académicos Frida Ansaldi, Gonzalo Beltrán, Rodolfo Mellado, Samuel Poblete, María Gabriela Olivares y José Miguel Reyes.

La violinista explica que cada una de las Danzas Rumanas corresponde a una danza: “Me gusta mucho el contraste que hay entre cada movimiento, y que son sonoridades y armonías un poco inusuales, pues tienen un aire de la improvisación propia de la música folclórica”.

“En el Octeto de Mendelssohn está el mismo espíritu que se sentirá después en la obertura del Sueño de una noche de verano

El compositor alemán Felix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847), no sólo fue un prolífico e influyente creador, sino que además rescató el legado de Johann Sebastian Bach y , como pianista, director y gestor, difundió activamente a compositores de su propia generación.

El profundo respeto que sentía por la tradición de la música clásica se tradujo en que desarrolló justamente la tradición, innovando al incorporar distintos recursos y con nuevos formatos. Un buen ejemplo de ello es el Octeto Op. 20, que se escuchará en el concierto. Mendelssohn-Bartholdy lo compuso a los 16 años, inspirándose en un pasaje del Fausto de Goethe, y su scherzo contiene la semilla que germinará en la obertura Sueño de una noche de verano.

Ha sido considerada la obra de cámara más perfecta de Mendelssohn-Bartholdy, y un “milagro de la música del siglo XIX”. Con estructura de sonata, reúne cuatro violines, dos violas y dos violonchelos, pero no como si fueran dos cuartetos de cuerdas. Por el contrario, el propio compositor indicó que el Octeto debe tocarse en estilo sinfónico. Será interpretada por siete profesores de Música UC: los violinistas Frida Ansaldi, Gonzalo Beltrán, Rodolfo Mellado y Tiffany Tieu, Georgina Rossi en viola, María Gabriela Olivares y Alejandro Tagle en violonchelos, y el violista Samuel Poblete, quien se tituló el año pasado en Música UC.

“Mendelssohn no es sólo un prodigio. No solamente fue un buen músico, un buen compositor y un buen intérprete de violín, de viola, de chelo, de piano y de órgano, sino que hacía miles de cosas. Sus circunstancias le permitieron desarrollarse mucho; nació en una cuna muy culta y tuvo tutores de todo; dibujaba, se interesaba por las culturas antiguas, hablaba lenguas... Era muy cultivado, desde la niñez más temprana; entonces no es novedad que haya sido un precursor”, comenta María Gabriela Olivares. “La forma en que trata a este octeto, casi como una pequeña orquesta, es viable porque a pesar de ser un joven de 16 años era un gigante en cuanto a su nutrición cultural”, agrega la chelista.

Respecto del Octeto Op. 20, la profesora Olivares indica que Mendelssohn pone a cada uno de los ocho intérpretes en una constante situación de desafío, por cómo trabaja las texturas y las tonalidades: “La dificultad técnica, por ejemplo, en el scherzo, es cómo hacerlo liviano, ya que las articulaciones son sumamente complejas. Otro desafío es la rapidez”.

 

Frida Ansaldi, violinista. Foto: Gonzalo Beltrán.

La concertino en esta obra icónica del repertorio romántico de cámara será la profesora Frida Ansaldi, quien reconoce que en Mendelssohn exhibe en su Octeto su acabado conocimiento de la tradición, por ejemplo, en lo contrapuntístico, pero al mismo tiempo innova. “Abre nuevos caminos. La formación de octeto era bastante nueva para la época, pero al mismo tiempo mantiene los contrapuntos y los fugatos, que están entre todos los movimientos”, dice la violinista, y destaca el virtuosismo y la ligereza de la obra: “Está el mismo espíritu que se sentirá en la obertura del Sueño de una noche de verano, que la compone un año después. Está sobre todo en el scherzo, que va muy rápido y leggero, y tiene algo mágico, como de fábula”.

Respecto de la exigencia del Octeto, explica que el denso tejido contrapuntístico no debe llamar la atención, sino que debe sobresalir o temático. “Eso es complicado. Cuando estamos cantando los temas, y el resto está haciendo el tejido, que puede ser un spiccato, un contrapunto o una fuga, a veces es complicado de armar y que salgan las dinámicas, los matices”, indica Frida Ansaldi. Su parte como violinista reviste un atractivo adicional: “Tiene pasajes muy altos, muy agudos, es decir, requiere una afinación bastante perfecta. No sé si lo voy a conseguir, pero es un buen desafío para mí”.

 “Para nosotros es un placer poder abordar estos repertorios; sabemos que tenemos suerte”

Frida Ansaldi valora especialmente el aspecto educativo de la temporada de cámara de Música UC, pues hace posible que los alumnos “puedan apreciar en forma vivencial lo que nosotros hacemos”, y al mismo tiempo una oportunidad, como intérprete, de “estar vigente como artista y poder hacer música con mis colegas”.

“Para mí es una necesidad fundamental hacer música de cámara. Sin ella, nosotros tendríamos una vida bastante pobre”, enfatiza María Gabriela Olivares. “Es una manera de adentrarse en capas más íntimas y más profundas de la música. Tomar roles más 'protagónicos' es siempre un desafío grande y eso es muy motivador. Para nosotros, esto es un placer. Sabemos que tenemos mucha suerte por poder abordar estos repertorios”, concluye la violonchelista.

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