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Mario Alarcón: “La sensualidad es un factor fundamental en la música de Scriabin; Rachmaninov es más tradicional y melódico”

21 de septiembre de 2021


En una nueva entrega de la 57ª temporada de conciertos del Instituto de Música UC, el martes 21 de septiembre, a las 19:00 horas, se transmitirá en Musica.uc.cl el recital “Momento musical” del profesor Mario Alarcón. El pianista contrastará obras de Haendel, Scriabin y Rachmaninov.

photo_camera Mario Alarcón.

Dos momentos de la historia de la música para el piano contrapone el profesor del Instituto de Música UC Mario Alarcón en el recital que se presentará en streaming el martes 21 de septiembre, dentro de la 57ª temporada de conciertos. La transmisión se realizará a las 19:00 horas en Musica.uc.cl, con acceso liberado.

El programa se titula “Momento musical” e incluirá tres composiciones; una del Barroco y dos del paso del siglo XIX al siglo XX. Mario Alarcón interpretará la Suite en Re menor, escrita a inicios del siglo XVIII por Georg Friedrich Haendel. Después, contrastará a dos compositores rusos: Alexander Scriabin, a través de su Sonata N° 5 (1907), y Sergei Rachmaninov, con Momentos musicales (1896).

Georg Friedrich Haendel (1685-1759) es uno de los compositores que mayor éxito tuvo en vida, y legó una abundante producción en los más variados formatos y estilos. Es reconocido como el primer empresario musical, pues no sólo publicaba sus propias partituras, sino que exhibió una vocación popular, consagrando su oficio a los amplios públicos. Supo adaptarse con velocidad y asertividad al gusto de cada época y cultura local donde se insertó. Aun cuando es uno de los genios mayores del Barroco, su producción para el teclado es poco conocida. Y éste aspecto de su creación busca rescatar el programa diseñado por Mario Alarcón.

Los instrumentos de origen de Haendel son los teclados, el órgano y el clave. Sin embargo, su obra para teclado no es muy conocida. ¿Qué lugar ocupa en la producción de este compositor tan exitoso y que supo adaptarse a tantos estilos para hacer una carrera?

“Es una pregunta muy interesante. Efectivamente, Haendel pasó a la historia como un gran empresario. Los instrumentos de teclado desde siempre fueron parte de la base, de la maestría de todos los grandes compositores. Se daba por entendido que tenían que tocar el piano o en este caso el órgano o el clavecín, y los que escapaban a esta regla pasaron, justamente, a ser célebres excepciones. Probablemente, en comparación a Bach y Scarlatti, Haendel no es tan conocido. La producción para piano o instrumentos de teclado es tan rica y los estudios formales no dejan tanto tiempo como para ocuparse de todo, probablemente es la razón que a mí se me ocurre como para que esto quede fuera. Cuando tenemos que cumplir con currículos académicos que tienen que ver con la formación tradicional de los estudiantes de piano, prácticamente no hay tiempo para otros compositores que no sean Scarlatti o Bach, por razones técnicas. Sin embargo, resulta cautivante el descubrimiento de un estilo barroco tan osado, tan audaz armónicamente, sin perder el contrapunto tradicional como como elemento fundamental de la composición. Eso es lo que a mí me cautiva de esta música”.

Alexander Scriabin (1872-1915) y Sergei Rachmaninov (1873-1943), en tanto, comparten una serie de características: ambos son rusos y tuvieron la misma formación, en forma simultánea. Sin embargo, los lenguajes propios que desarrolla cada uno son profundamente distintitivos. Scriabin y Rachmaninov estudiaron piano con Nikolay Zverev en el Conservatorio de Moscú, al mismo tiempo. De hecho, eran amigos. En 1892, en el concurso interno de piano de ese conservatorio, Rachmaninov obtuvo el primer lugar y Scriabin el segundo. Sin duda, ambos podrían haberse dedicado a la carrera de solista. 

Pero no era lo que Alexander Scriabin quería: su mayor motivación era metafísica, y sus exploraciones tenían un norte místico. Sinestésico, se interesó seriamente por el Superhombre de Friedrich Nietzsche y por la teosofía. Sus innovaciones musicales fueron ciento por ciento originales y propias, y las desarrolló en forma independiente de todas las corrientes modernas de su época, consolidando uno de los lenguajes más singulares del siglo XX. Su Quinta Sonata, que interpreta Mario Alarcón en este concierto, es una obra madura, y Scriabin la escribió ocho años antes de su temprana muerte, por septicemia.

Sergei Rachmaninov, en tanto, sí desarrolló una notable carrera como solista y conquistó la fama mundial como pianista. Terminaría radicándose en Estados Unidos y no retornaría a su patria tras la Revolución Rusa. Sin embargo, Rachmaninov nunca abandonó, tampoco, la composición y conoció el éxito con muchas de sus creaciones propias, tanto en su producción neoromántica como en la de tintes nacionalistas. También es uno de los compositores más reconocidos del siglo XX, un gran melodista y dueño de una paleta rica en colores y tan expresiva que ha conmovido a una generación tras otra. El profesor Alarcón abordará en este concierto Momentos musicales, opus 16, obra que Rachmaninov compuso hacia el fin de una depresión, y con la urgencia de reunir algo de dinero.

Scriabin y Rachmaninov eran contemporáneos y ambos eran eximios pianistas. Sin embargo, tienen personalidades y una producción muy diferente, ¿no?

“Sí. Pese a ser contemporáneos, y rusos los dos, quizás esto tiene que ver con la personalidad. Scriabin era compositor más que pianista, si bien es cierto que tocaba el piano: nadie que no conozca el piano con esta profundidad puede componer cosas como esta Quinta Sonata, que está muy inmersa en el lenguaje de un instrumento que estaba desarrollándose a pasos agigantados y que habla de la exploración tímbrica colorística. Probablemente la personalidad de Rachmaninov era más cosmopolita y más extrovertida por el hecho de ser un virtuoso del piano. Scriabin deja en claro, sobre todo en esta sonata, porque hay un un acápite que es una referencia al Poema del Éxtasis, que él tenía una vida interior muy inquieta y muy rica. La música necesita teñirse de esta vida interior, y ése es el resultado que nosotros escuchamos. La Tercera Sonata todavía es bastante posromántica; en la Cuarta ya se insinúa el estilo de Scriabin y en la Quinta ya estamos metidos de frentón en su estilo. Y de ahí para adelante  uno puede simplemente cerrar los ojos y dejarse llevar por sensaciones; la sensualidad es un factor fundamental en esta música. La atmósfera, el perfume. En cambio, sin estar exento de sensualidad y de perfume, Rachmaninov es mucho más tradicional, mucho más melódico”.

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