Paula Torres: “Sibelius y Martinu son dos ascetas que se expresan de una manera esperanzadora y muy profunda del hombre”.

4 de septiembre de 2021


En una nueva entrega de la 57a temporada del Instituto de Música UC, el martes 7 de septiembre se transmitirá en vivo y en directo, un concierto que será dirigido por Paula Torres y en el cual se interpretarán obras de cámara de dos grandes sinfonistas que incorporaron motivos del folclor y leyendas de sus naciones: Bohuslav Martinu y Jean Sibelius.

A las 19:00 horas del martes 7 de septiembre, en Musica.uc.cl se transmitirá en live streaming desde el Centro de Extensión Oriente un nuevo concierto dentro de la 57a temporada del Instituto de Música UC. El programa se titula “Herencia musical: Sibelius y Martinu”, y se abordará una obra de cámara de cada uno de ellos. La dirección estará a cargo de Paula Torres, académica de Música UC.

Ambos compositores son figuras claves y dueños de un lenguaje propio, y además de ser reconocidos como grandes sinfonistas son también representantes del nacionalismo musical. Ambos integran giros y motivos del folclor musical y del imaginario mítico de sus naciones.

Del prolífico compositor checo Bohuslav Martinu, se interpretará su Noneto N°2, una de las 14 obras que compuso en 1959, en su último año de vida. De Jean Sibelius, el compositor más relevante de la historia de Finlandia, se interpretará la versión para septeto de su primer poema sinfónico: En Saga, que compuso a los 27 años.

“Son dos miradas distintas del acervo nacional, aspecto que ha constituido una fuente inagotable de inspiración en diferentes épocas del desarrollo musical. Será, por una parte, un recorrido por imágenes sonoras inspiradas en algún cantar de gesta de la cultura nórdica, y por otra, un retorno a las raíces checas, y a las entrañables melodías moravas con su característica melancolía”, comenta la directora Paula Torres.

¿Qué quisiera destacar de la versión para septeto de En Saga de Sibelius?

“Ya se había hecho en la Universidad Católica el año 2019, también bajo mi dirección. Es una versión en septeto que se asume que es la primera versión que tiene el poema sinfónico En Saga de Jean Sibelius. Es una historia que todavía tiene muy poca veracidad. Lo que sí es cierto es que la partitura del septeto fue encontrada por el flautista Gregory Barrett, quien reconstruye la versión de ese poema sinfónico para septeto. En palabras de Sibelius, este poema sinfónico no tiene una asociación programática, como se estilaba a fines del siglo XIX. Él dice que simplemente corresponde a un estado mental, pero la relaciona, por muchos giros melódicos, timbrísticos y también de cierto dejo melancólico con Kalevala, que es una recopilación de cantares de gesta fineses”.

¿Qué nos puede decir respecto de Bohuslav Martinu y el Noneto N°2?

“No es un compositor que se suela tocar, por lo menos acá. Esta obra la conocí gracias a que me tocó estudiarla en el magíster de dirección orquestal en la Universidad de Chile, y me llamó mucho la atención por la tímbrica que tiene. Me parece que Martinu tiene una relación con la música, con la creación y con el proceso compositivo, que es muy independiente. No se puede negar que hay influencia del impresionismo francés. Él quiso huir de su tierra natal por la gran influencia que tenía toda la producción musical de Smetana; quiso buscar otras fuentes de inspiración y encontró en la música de Debussy materia prima para activar su mundo sonoro. Pero más que nada le cautivó la idea del neoclasicismo, el rescate de los timbres y el dominio de la forma. El Noneto N°2 lo escribió en el último año de su vida, y es como ver a nueve personas conversando entre ellas, con apuntes que son de humor, elegantes, melancólicos, es una interacción muy fina, muy bien lograda. Él tiene un amor por el contrapunto más bien prístino y luminoso. Obviamente entre las cosas que más le llamaron la atención del neoclasicismo, estuvo la idea de Stravinsky del acervo folclórico de un artista y, por lo tanto, también tiene giros de canciones moravas que lo acompañaron entrañablemente toda su existencia”.

Martinu y Sibelius son dos compositores muy distintos, en muchos sentidos, y sin embargo tienen algunas cosas claves en común, ¿no?

“Sí, realmente son dos compositores muy disímiles, pero lo interesante aquí es que en pequeñas formas, en tímbricas acotadas, como un septeto, y un noneto, el arte de entreverar las líneas, el arte de hacer contrapunto, el arte de la orquestación, porque los dos fueron grandes sinfonistas, todo eso es plasmado en pequeñas joyas como el noneto y el septeto. Además, estuvieron en contacto con la mirada que sublima el patrimonio de las melodías propias del folclor de cada uno. De sus mitologías finlandesas, por parte de Sibelius, y las canciones moravas mezcladas con nuevas técnicas de composición muy bien llevadas, por parte de Martinu, cuyo lenguaje mezcla combinaciones sonoras, estilísticas, y de orquestación que considero deslumbrantes. En este noneto, prácticamente cada pulso tiene una rítmica distinta, es un desafío para la dirección”.

Su profesor en el magíster de la Universidad de Chile, Nicolas Rauss, fue el músico que empezó a programar a Martinu en nuestro país, cuando asumió la titularidad de la Orquesta Clásica Usach. ¿Por qué cree que sucede que Martinu es tan poco programado, al menos en América Latina, siendo que los músicos que lo interpretan lo aprecian tanto?

“No es tan conocido, yo no sabría decir por qué. En la República Checa, él es muy respetado y la gente admira su obra. Ahora, él no fue una persona que se diera en círculos sociales amplios; no tuvo los roces de Bartók o Stravinksy. No fue una persona pública. Si uno ve los libros, como la Historia de la Música de Robert Morgan, o la de Donald Grout, o el Diccionario Harvard de la Música, a duras penas mencionan a Bohuslav Martinu. Por lo que he leído, él se acercaba a las instituciones musicales para absorber conocimiento, tendencias de composición, cosas que en su enorme creatividad y mundo interior él supo combinar, pero no fue necesariamente un hombre para el mundo. Me parece que su discurso está en la partitura y puede que no haya sido una persona amante de las conglomeraciones, y en ese sentido es muy parecido a Sibelius, que dejó de componer los últimos 30 años de su vida, y se internó en una cabaña. Son ascetas que tienen un discurso muy profundo. En la humanidad convulsionada de la primera mitad del siglo XX, este par de ascetas se expresan de una manera esperanzadora, nostálgica y melancólica, pero muy profunda, del hombre”.

Martinu utiliza motivos melódicos del folclor de Bohemia, y Sibelius evoca elementos mitológicos identitarios de Finlandia. ¿Cuánto hay de nacionalismo musical en estos dos compositores?

“Pues harto, diría yo. Hay harto compromiso con el entorno, con los valores de sus infancias. Creo que en cualquier compositor nacionalista del siglo XX está muy viva toda la música que vivió en la primera década de su vida, y eso está muy patente en las dos obras que interpretaremos. El nacionalismo es una faceta del neoclasicismo; porque es una mirada hacia atrás en muchos aspectos, pero combinada con las técnicas de composición de ese momento, y bajo una impronta muy personal de cada compositor. Independientemente de que hayan estado en sitios alejados, no eran ajenos a la búsqueda estética de los músicos de Europa”.

¿Podría profundizar en qué es el nacionalismo musical? Siempre lo he asociado con el romanticismo, pero usted lo define como una faceta del neoclasicismo…

“Lo que pasa es que el nacionalismo tiene dos momentos de presentarse. El nacionalismo del siglo XIX, que está en manos de los rusos, tiene una mirada hacia su propio folclor, pero imbuida en las formas dominantes e imperativas de Europa central. Entonces, es simplemente acomodar lo que ellos tienen, las gamas sonoras, sus escalas y sus propios giros, dentro de una mezcla ya preconcebida como es la vena romántica, desde de Brahms o Wagner, no importa cuál de los dos, entonces todos los rasgos nacionalistas, el discurso meramente melódico y tímidamente tímbrico van a estar dentro de los cánones de la Europa romántica, que es la Europa Central. Pero ya en el siglo XX, el nacionalismo es otra cosa, porque viene teñido de los acentos de las lenguas, de los idiomas. Y van a empezar a surgir cualquier cantidad de escrituras llenas de heterometría para rescatar los giros propios del folclor. En el neonacionalismo de Europa Oriental, con Kodály, Bartók y Bárdos ellos van a expresar en su música los giros propios de su lenguaje; y entonces la música se va a teñir de eso y se va a alejar del molde romántico”.

Paula Torres destaca también la misión que cumple el Instituto de Música UC con su temporada que, semana a semana, estrena un nuevo concierto en forma gratuita. “En Latinoamérica, Santiago tiene fama como urbe capital de mucha cultura, sin embargo, eso contrasta con la poca cercanía que hay hacia la música de cámara”, apunta la directora. “La música de cámara es un apostolado que han tenido tanto la Universidad Católica como la Universidad de Chile, pero sobre todo la Católica, y es una labor bonita y loable para estimular la sensibilidad del público en general, porque la música de cámara exige una atención especial. Y que esta temporada esté a cargo de los profesores es muy decidor: si hay algo que expone la calidad de un músico es un concierto de cámara. Entonces es muy loable lo que está haciendo la Universidad Católica”, cierra.

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