Rut Schereiner, profesora visitante: “El objetivo de un buen director es no hablar, pero es casi una utopía”

17 de agosto de 2021


La profesora de los conservatorios de París y de Reims ofrecerá un curso de Dirección de ensambles y análisis de obras en la Escuela Internacional de Profesores Visitantes de Música UC. Las clases serán remotas, del 23 al 28 de agosto.

photo_camera Rut Schereiner.

La directora argentino francesa Rut Schereiner dictará entre el 23 y el 28 de agosto el curso Dirección de ensamble y análisis de obras como parte de la Escuela Internacional de Profesores Visitantes del Instituto de Música UC. Inscripciones aquí.

Las clases serán remotas. Profesora de Dirección orquestal desde 2009 en el Conservatorio de Reims, está a cargo también de dos cursos en el Conservatorio de París: Introducción a la dirección orquestal, desde 2019, e Introducción a la dirección para compositores, que debutará en septiembre próximo.

“Me fascina el trabajo con los compositores”, confiesa Schereiner desde París. “Hace mucho tiempo que estoy tratando de hacer algo como este curso. Como directora, yo no intervengo en la creación, pero me gusta participar en la parte artesanal de hacer la música, y también me gusta proponerles cosas a los alumnos de composición, decirles, por ejemplo, que si esto está escrito de esta manera, es mucho más fácil de interpretar y va a ser mucho más eficaz, etcétera. Me parece muy interesante también cuando los instrumentistas participan, cuando dicen ‘sería mejor así’, y todo eso. A veces incluso les propongo a los compositores, cuando ya hemos trabajado juntos, ‘ahora dejáme hacer una versión, y me decís si te suena’”, cuenta la directora.

Este nuevo ramo será para los estudiantes del magíster en composición del Conservatorio de París. Por ahora será opcional. “Pero la idea es que llegue a ser obligatorio, pero para esto habría que tener más horas de cátedra para poder tomar a todos los alumnos. Como es la primera vez que existe, vamos a ver cómo reaccionan los alumnos”, detalla Schereiner.

En paralelo a su trabajo como directora, que incluye una orquesta de estudiantes de Reims y colaboraciones con los ensambles Regards y Vortex, Schereiner es codirectora artística con el compositor Luis Naón del Ensemble Diagonal. Con este conjunto, realizó hace poco algunas grabaciones para Radio France. También condujo un par de registros en video en Reims. 

Rut Schereiner, además, tiene una larga trayectoria docente, que incluye el haber dirigido dos conservatorios municipales antes de ganar, por concurso público, la cátedra de Dirección orquestal en el Conservatorio Nacional de Reims. “En Francia hay una red de conservatorios enorme, es absolutamente extraordinario. Acá el concepto de servicio público es sumamente fuerte y no tienen conciencia de la amenaza del neoliberalismo, de que hay que obtener plata de todo. Por supuesto que un conservatorio no da plata”, comenta.

“Hay conservatorios municipales en casi todas las ciudades, y son de primer nivel. Lo bueno de este tejido es que para trabajar ahí hay que tener un diploma nacional, el que garantiza el nivel de la enseñanza. Pero los alumnos pagan desde 20 euros a 1300 por trimestre, dependiendo de los ingresos familiares,entonces un chico que nace en un barrio humilde y sin muchos medios económicos puede tener el nivel que le permita después llegar a un conservatorio un poco más grande, que son los departamentales, luego uno regional y finalmente uno superior. He conocido casos de chicos que han estado en esta situación y es increíble”, explica la profesora Schereiner. “Con la crisis que hay ahora, estamos todos temiendo qué va a pasar. Queremos que perdure este sistema tan maravilloso”, agrega.

El curso que dictará en el Instituto de Música UC, en forma remota, se vincula a la nueva clase que ofrecerá en el Conservatorio de París, pero adaptado a la modalidad virtual.  “Me parece es que es muy relevante que los compositores tengan una iniciación en dirección, para que vean la relación con el músico, que es tan importante, y para que salgan un poco de su mundo cerebral”, comenta. Las clases tendrán un foco práctico, con ejemplos de obras del siglo XX, e incluirá una mesa de análisis, que significa, explica Schereiner, “analizar la partitura desde el punto de vista del director: qué problemas se pueden encontrar acá, qué va a pasar, cuánto se necesita para ensayar, todo eso”.

Así se saldará una deuda que quedó pendiente con el estallido social. “Viajé, llegué a Santiago y se anuló allá porque era a fines de octubre de 2019, y fue imposible hacerlo, no había clases, no había transporte. Así que ahora lo haremos por zoom”, cuenta. 

¿Cómo ha sido para usted adaptarse a las plataformas virtuales en su trabajo en Francia?

“Tuvimos en marzo de 2020 el primer confinamiento, y fue una cosa muy abrupta. Yo tenía un concierto en París el viernes 13 de marzo; el ensayo general era a las 14 horas y el concierto a las 20, y nos contaban qué iba diciendo el primer ministro. Así que se hizo el ensayo grabando, todo fue de golpe. Y la primera semana fue ver cómo hacer algo; yo nunca había usado Zoom. Pero a fines de mayo ya pude trabajar con alumnos que son  preprofesionales, y después, a partir de septiembre, fue fluctuando. Los cursos más o menos se pudieron hacer, mitad presencial, mitad en Zoom. Por un lado, no tengo tantos alumnos, y cuando es gente con la cual uno ya ha trabajado, existe la relación de confianza y todo se puede hacer. En los cursos colectivos mis alumnos son todos adultos, entonces todos aportamos ideas. Por ejemplo, una idea que yo tenía y que no había podido aplicar por falta de tiempo, que era hacer un trabajo sobre los grandes directores de orquesta del siglo XX. Me mandaron muchos videos, y después juntos analizábamos mirando”.

Esa reflexión sobre grandes directores del siglo XX, ¿le permitió identificar algo en común entre estas figuras?

“Es una buena pregunta. Creo que es el carisma. Ahora, ¿de dónde viene ese carisma individual? Primero, en una convicción personal muy fuerte. Aunque algunos son egocéntricos, por supuesto, no me gusta hablar de ego, porque no es solamente eso, sino un convencimiento íntimo y muy fuerte que hace que convenzan a la gente. No con la palabra; no es un discurso político, sino con su actitud. Y otra cosa que quizás es aun más importante es el conocimiento de la obra. Todos tienen un conocimiento absolutamente profundo de lo que están dirigiendo y es un conocimiento tan integrado, tan digerido… A nivel del gesto no se pueden encontrar constantes, hay directores tan distintos, unos milimétricos y otros enormes; eso es lo que importa menos”.

El conocimiento de una obra no tiene nada que ver con dirigir sin partitura, como a veces vemos en la prensa que se destaca, sino con una comprensión musical que incluye elementos históricos, biográficos, estéticos, filosóficos… En el caso suyo, como directora, ¿cuándo dice ‘esta obra la conozco como para dirigirla’?

“Uh… Cuando yo digo ‘Esta obra la conozco’ tengo que, primero, haber pasado centenas o decenas de horas, depende del largo de la obra, obvio, porque yo estudio mucho tiempo. Y, además, haberla ya dirigido varias veces. Si no, ¿cómo?. Lo más interesante no es solamente saber que tal instrumento toca tal nota o que esto es pianoforte, sino ver cómo las energías y las fuerzas circulan, cómo las ideas, las respiraciones y los gestos musicales se encadenan unos con otros, y hacer de todo eso una sola cosa fluida, que sea todo una sola obra. Y eso lleva mucho tiempo, hay que hacerlo mucho”.

En su experiencia, ¿es distinto el ejercicio de un director cuando conduce a un grupo de pocos músicos o un gran conjunto sinfónico coral?

“A nivel de trabajo preparatorio, no. Más grande el volumen, es más trabajo. Pero no forzosamente, porque hay obras para un orgánico chico que son muy difíciles también: Dérive de Boulez o Historia de un soldado de Stravinsky. A nivel del gesto sí se puede decir que cambia un poco, pero tampoco tanto, porque no es proporcional, pero por ahí la direccionalidad en el gesto, sí. La verdad es que el gesto se adapta a la música en sí, no al orgánico”.

¿Se perfecciona más un director en la medida en que conduce  más combinaciones instrumentales y variedad de volúmenes de músicos? ¿Enriquece su actividad?

“Por supuesto que le enriquece el gesto. El objetivo de un buen director es no hablar. Si uno pudiera dirigir sin hablar, estaría perfecto, pero es casi una utopía, y siempre hay que hablar, para al menos decirle al músico lo que pasó, decirle por qué no estamos de acuerdo. Pero cuanto más se dirige, más diversidad de gestos hay, y eso es algo que veo muchas veces en grandes directores, que no se puede hacer otra cosa que lo que el director está mostrando”.

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