Valdemar Rodríguez, clarinetista: “Los latinoamericanos tenemos que poder llegar a la final de los grandes concursos”

22 de julio de 2021


El virtuoso clarinetista y destacado docente venezolano, dictará un curso desde el 26 de julio en la Escuela de Profesores Visitantes de Música UC. “Hoy día hay muy buenos clarinetistas en toda América Latina”, asegura. Pero aún hay desafíos pendientes, en los ámbitos de repertorio y cultura de concurso. Aquí, profundiza en ello.

photo_camera Valdemar Rodríguez, clarinetista y docente.

El Instituto de Música UC presenta en su Escuela Internacional de Profesores Visitantes al virtuoso y docente venezolano Valdemar Rodríguez, quien dictará desde el lunes 26 al viernes 30 de julio un curso de clarinete. Con 34 años como clarinete solista de la Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, y 35 años como profesor de clarinete del Conservatorio de Música Simón Bolívar, Valdemar Rodríguez fue además director de esa institución por 12 años, y subdirector ejecutivo del Sistema por 20 años. Es también, fundador y director de la Academia Latinoamericana de Clarinete “Luis Rossi”.

“Luis Rossi fue el maestro más importante de los que he tenido, comencé a estudiar con él en los años 80, y cuando él volvió a Chile desde Caracas, tuvimos una relación por cartas y teléfono”, comenta Valdemar Rodríguez.

“En 1985 fui a Santiago un invierno para hacer un curso particular con el maestro Luis Rossi. Estuve desde junio hasta septiembre y recuerdo el frío más frío que he sentido en mi vida, y yo he estado a 26 grados bajo cero”, rememora. Esa estadía fue artísticamente significativa. Había traído un clarinete di bassetto, “el único que existía en Latinoamérica”. Estaba en malas condiciones, y el maestro Rossi lo restauró. Con él Valdemar Rodríguez tocó por primera vez partes del Concierto para clarinete de Mozart, la obra cumbre del instrumento, en el Campus Oriente de la Universidad Católica, en una conferencia de Luis Rossi.

Se dice que con esta obra de Mozart el clarinete ingresa a la orquesta. ¿Es así?

“No, ya antes Vivaldi y Telemann lo habían hecho. Mozart escucha por primera vez el clarinete en la orquesta, y le escribe una carta a su padre donde le dice ‘si tuviéramos unos clarinetes nosotros allá en la orquesta en Salzburgo…’. Mozart lo escuchó la primera vez que fue a Londres, y se enamoró. Yo también aprendí la historia del clarinete donde Mozart fue el primero que puso al clarinete en la orquesta, y es mentira. Antes se creía eso. Mozart es quien usó al clarinete como el instrumento más preciado en la orquesta, la ópera y la música de cámara; le dio un rol importante, para él era como la voz humana”.

Valdemar Rodríguez ha venido a Chile varias veces. Vino con el Chalumeau Clarinet Quartet, dentro de una gira que incluyó el Teatro Colón y el Solís de Montevideo, y actuaron en la Sala Claudio Arrau del Teatro Municipal. “La sala estuvo llena, fue una acústica espectacular que todavía recuerdo”, dice. Igualmente vino invitado por la Escuela Moderna de Música, y junto a la pianista Diana Schneider estrenó una versión del Concierto N°1 de Blas Emilio Atehortúa.

Valdemar Rodríguez, en el momento de esta entrevista, estaba en el Conservatorio de Ginebra estudiando el Concierto para clarinete de Mozart, que interpretará con la Filarmónica de Bogotá. En la captura, muestra su clarinete de bassetto.

En 1997, actuó como solista con la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, en el Concierto de Mozart, en el Teatro Municipal de Santiago. Como parte de esa gira, además, tocó en formato de trío en la Universidad Católica. “Y en otras ocasiones, me reuní con el equipo de Fernando Rosas, cuando se estaba formando el sistema de orquestas allá en Chile, les explicamos todo”, cuenta.

¿Conoció en su juventud a maestros chilenos que habían trabajado con Jorge Peña Hen y que en Venezuela armaron el Sistema?

“Yo fui muy amigo del amigo Jerez, Hernán Jerez, excelente profesor que comenzó la escuela de oboe en Venezuela. Cuando fuimos a Chile en la gira de la Orquesta Juvenil de Venezuela, en 2011, tuve la oportunidad de invitarlo, y recuerdo que me llevó al Mercado a comer mariscos y distintos frutos del mar, un día a las siete de la mañana. Era una excelente persona”.

Usted ha conocido a clarinetistas chilenos a lo largo de varias décadas. ¿Cómo ve la escena de este instrumento, y su nivel, en Chile?

“Quiero hablarle primero de Latinoamérica. En todas partes siempre ha habido buenos músicos, especialmente en el sur; Argentina, Chile, Uruguay, Brasil. Pero eran contados, muy poquitos. En las giras que hice al principio de mi carrera por toda Latinoamérica, me daba mucha tristeza y preocupación por el nivel que había del clarinete. Eran muy pocos los jóvenes que tocaban a un nivel semiprofesional. Con la globalización, ya hoy día podemos decir que hay muy buenos clarinetistas en todas partes, mucho más que en el pasado. El Sistema de orquestas ha ayudado mucho en ese particular. Nosotros, como músicos de la Simón Bolívar y profesores del Conservatorio de Música Simón Bolívar, recorrimos toda Latinoamérica y parte de Europa y de Asia enseñando nuestra metodología y cómo los niños y los jóvenes, especialmente los de más bajos recursos y con menos posibilidades, podían ser grandes músicos también. Las cosas han ido cambiando también, la gente ha salido a estudiar mucho más que antes a Europa, a Estados Unidos. También nos ocupamos en Venezuela de crear una Escuela Latinoamericana de Clarinete, que se fundó sola. Eran como cátedras elite dentro del conservatorio, donde estaban los mejores estudiantes y profesores del país, con los mejores instrumentos, con profesores internacionales cada mes. Ahí el maestro José Antonio Abreu nos apoyó muchísimo en el clarinete, y pudimos tener al maestro Luis Rossi como columna vertebral de esta academia”.

Esa cátedra elite, ¿cuándo se convierte en academia?

“Desde 1994 en adelante, los alumnos más talentosos de Guatemala, Colombia, Ecuador, Argentina, nos pedían venir a estudiar en Venezuela, si había un sistema de becas, y así yo fui aceptando uno, dos y tres, y cuando llegamos al punto en que éramos 50 en la cátedra, de todas partes, de Cuba, México, Puerto Rico, Trinidad y Tobago, Brasil, Uruguay, de toda Latinoamérica. Cuando nos dimos cuenta, en el año 2000, era una academia internacional. Me siento muy orgulloso de todos esos estudiantes porque hoy día todos ellos son primeros clarinetes de las orquestas de sus países, y son profesores universitarios también. Porque no se podían quedar en Venezuela, tenían que ir a sus países a reproducir lo que habían estudiado”.

El profesor de Música UC David Medina, solista de clarinete de la Orquesta Sinfónica Nacional de Chile, justamente fue alumno suyo…

“Sí, fue mi alumno desde niño. Hemos trabajado muchísimos años, y lo he preparado para concursos, inclusive para el concurso de la Sinfónica de Chile que ganó hace un par de años”.

Hablemos del curso que viene a dar en la Escuela de Profesores Visitantes de Música UC. ¿En qué se centrará?

“Vamos a hacer varias cosas, cada día va a ser un tema diferente. El primer día va a ser un repaso de la base técnica. Siempre es importante repasar los conceptos de la técnica; de la embocadura, de la respiración, del uso de ciertos recursos ya que son indispensables hoy día para un clarinetista moderno, como es la respiración circular, el doble staccato, el uso de multifónicos, o sea, nuevos elementos para la ejecución, cosa que cuando yo era adolescente estudiando clarinete nos decían que esas cosas no se podían hacer porque dañaban el sonido. Hoy día son indispensables. Un muchacho moderno, así como tiene que saber idiomas, tiene que saber estos recursos técnicos también”.

Cuando usted era adolescente, ¿le decían que no debía hacer respiración circular?

“Decían que no era necesario, que era peligroso, que te podía dar un infarto. El doble staccato, por ejemplo, que los oboes, las trompetas, los cornos, las flautas y el fagot tocan doble staccato, y lo estudian, en el clarinete no se estudiaba porque se decía que se ponía feo el sonido, que se te dañaba. Había muchos mitos. Hoy día, todos los clarinetistas modernos tocan doble staccato, y yo he intentado incorporar de una vez por todas esto en la gente más joven. Porque si lo vas a aprender a los 30 años, ya es tarde, ya te cuesta más, y hay muchas cosas en las cuales se debe usar la retención continua y el doble staccato, en muchas obras actuales que las piden en todos los concursos. Si no tienes ese recurso, estás por detrás de otra gente”.

El repertorio que abordarán en este curso es bien variado, también hay obras para clarinete solo, por ejemplo.

“Las obras para clarinete solo son un repertorio que también hay que tener. En mi juventud, se estudiaban muy pocas; el maestro Luis Rossi es el que implementa tocar obras para clarinete solo en Venezuela. Hoy hay muchísimas obras para clarinete solo, todos los compositores tienen una, y hay que aprenderlas y tocarlas. Ése es otro lenguaje, muy exigente y muy difícil; por eso yo desde ya empiezo a enseñar obras que se piden en los concursos. Latinoamérica tiene que estar en los grandes concursos del mundo. Yo he tenido la suerte de ser invitado a grandes concursos en Europa y en Estados Unidos, con los maestros más importantes del mundo, me he sentado con ellos, de jurado. Gente con cuyos discos yo estudié, como los maestros Karl Leister y Stanley Drucker, también con Guy Deplus y Walter Boeykens. En los grandes concursos de Bélgica, Francia y Portugal, hemos tenido una participación importante, hemos llegado hasta las semifinales, pero no hemos ganado premios”.

¿Por qué es relevante para un joven intérprete participar en concursos?

“Porque basta que montes el repertorio del concurso, y ya ganamos en cierta manera. Eso ya nos ubica en las grandes ligas. Montar 15 obras de ese calibre de dificultad ya es muchísimo, ya es un gran avance. Como Academia Latinoamericana del Clarinete ‘Luis Rossi’, hemos logrado llegar a las semifinales. Entonces es un reto, tenemos que poder llegar a la final de esos concursos y ganar premios. ¿Cuál es nuestro problema realmente? Primero, nosotros tenemos una manera de tocar diferente, lo que para mí es una virtud. No tocamos de manera estándar, como las escuelas europeas, que entre unos y otros no se distinguen; tienen un tamaño de sonido parecido de un país a otro, un color parecido, usan más o menos los mismos equipos para tocar, los mismos instrumentos, la misma boquilla. En estos concursos se busca un estándar y un nivel técnico de perfección, los que ganan son personas que desde el primer día hasta el último día no ‘pelan’ ni una nota. Tienen una formación no solamente técnica, sino también sicológica, pues tienen concurso para todo, para entrar al conservatorio, para pasar de un año al otro. Cada muchacho hace cuatro o cinco concursos al año. Nosotros no tenemos esa cultura de los concursos, por lo tanto, no sabemos prepararnos. La otra cosa es el repertorio que se toca en estos concursos, que ya está más o menos estandarizado, y la gente lo toca en un concurso y después lo vuelve a tocar en otro, entonces tiene un background. En cambio, a los latinoamericanos nos toca aprendernos estas 15 obras difíciles en tres o dos meses, entonces no nos da tiempo, cuando llegamos al concurso estamos crudos con la música contemporánea. En todos los concursos hay cuatro o cinco obras de música contemporánea que se tocan siempre, y yo intento que ya los estudiantes las conozcan y las comiencen a estudiar, para que cuando llegue al concurso tenga ya cinco años con esas obras”.

¿Qué más van a revisar en este curso?

“También vamos a hacer una conferencia sobre el Concierto para clarinete de Mozart, que es el más importante del clarinete. En todos los concursos, siempre el final es esa obra, entonces, los estudiantes lo tienen que conocer muy bien, y vamos a trabajar en eso ese último día. También vamos a tocar obras con piano. Así que vamos a hacer de todo, vamos a hablar de música contemporánea, de la base técnica, de Mozart, del clarinete y vamos a tocar obras del repertorio tradicional romántico y clásico con piano”.

 

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